Carlos Enrique Torres
Investigador independiente
https://orcid.org/0009-0009-6844-5843
Resumen: el pasaje de la convocación de los Doce del evangelio de Marcos nos indica que Jesús convocó a estos para una doble finalidad: “estar con Él” y “para enviarlos a predicar”. Desde ese momento, el narrador presenta a Jesús cerca de los discípulos y teniendo un trato especial con ellos. La presencia de estos elementos en la sección de 3,13–6,6a es lo que me ha llevado a escogerla como campo de estudio para este trabajo, cuyo punto de interés radica en ver cómo el autor presenta el acompañamiento de Jesús a los Doce antes de enviarlos a predicar por primera vez (Mc 6,7-13). Se trata de responder: ¿de qué manera Jesús va formando a los discípulos en esta etapa?, ¿cuál es su pedagogía?
Palabras claves: evangelio de Marcos, Jesús, Doce, pedagogía.
Abstract: The passage of the convocation of the Twelve in Mark’s Gospel tells us that Jesus called them together for a double purpose: “to be with Him” and “to send them out to preach.” From that moment on, the narrator presents Jesus close to the disciples and having a special relationship with them. The presence of these elements in the section 3:13-6:6a is what has led me to choose it as a field of study for this work, whose point of interest lies in seeing how the author presents the accompaniment of Jesus to the Twelve before sending them out to preach for the first time (Mk 6:7-13). It is a question of answering: In what way does Jesus form the disciples at this stage? What is his pedagogy?
Keywords: Gospel of Mark, Jesus, Twelve, pedagogy.
En los primeros 8 capítulos del evangelio de Marcos, los estudiosos observan una división tripartita: llamada (Mc 1,14–3,7); institución e instrucción (3,13–6,6a) y misión (6,6b–8,27) 1. En la sección central (3,13–6,6a) se observa un cambio narrativo importante que modifica la situación inicial del evangelio. Esto nos permite verla como una sección bisagra que nos conecta con la anterior (Mc 1,16–3,12) y, a la vez, nos permite mirar hacia adelante del relato para descubrir la conexión con la sección siguiente, la misión de los doce (6,6b–8,27).
En cada una de las secciones de los primeros 8 capítulos, los principales personajes son Jesús y los discípulos. Sin embargo, la relación entre ellos se profundiza de una manera particular en la sección 3,13–6,6a, donde el narrador presenta a Jesús cerca de los discípulos y teniendo un trato especial con ellos. La presencia de estos elementos en dicha sección es lo que me han llevado a escogerla como campo de estudio para este trabajo, cuyo punto de interés radica en ver cómo el autor presenta el acompañamiento de Jesús a los Doce.
Para ello, partiremos de las siguientes preguntas que permiten trazar el horizonte de la investigación: ¿de qué manera Jesús va formando a los discípulos en esta etapa?, ¿cuál es su método formativo?
Para responder a nuestros interrogantes, nos enfocaremos en Jesús, el personaje principal, sin dejar de lado la referencia que Él mismo hace de sus discípulos, lo que será clave para poder comprender de qué manera acompañaba al grupo que Él mismo constituyó en Mc 3,13-19. Por lo que cabe preguntarnos: qué influencia tiene la persona de Jesús sobre este grupo que se está formando en torno a Él y de qué manera los instruye. Por lo tanto, nos interesa analizar la pedagogía que Jesús utiliza para formar a los Doce.
Cómo el narrador presenta en esta sección a Jesús, cercano a sus seguidores y el trato especial que tiene hacia ellos, será un indicador importante para el lector. Además, le permitirá intuir que la cercanía con Jesús manifiesta un rasgo característico de los discípulos y que la opción por una convivencia permanente parece indicar una opción metodológica por parte de Jesús 2.
El narrador, antes de la convocación de los Doce, ha enunciado ciertas referencias que giran en torno a la identidad de Jesús 3. Lo que ha de ser de vital importancia para poder entender el discipulado; puesto que, si los discípulos deseaban configurarse y asumir el estilo de su maestro, la mejor forma será permanecer cerca de Él y saber quién es. En otras palabras, crecer en la relación discipular implica saber quién es Jesús para una adhesión más profunda. Por ello, identidad de Jesús y discipulado están íntimamente relacionados.
Esta identidad construida en relación con el binomio Jesús-discipulado nos conduce a que nuestro próximo paso en la investigación consista en identificar la visión que el narrador nos proporciona sobre la persona de Jesús y el tipo de acompañamiento que viven sus discípulos.
Después de la convocatoria de los Doce, el narrador nos traslada de un espacio público y abierto (el monte) a uno privado y cerrado (el interior de la casa) en el que se encuentran “los que están en torno a Él”. Ahora bien, ¿es esta multitud, que se menciona en Mc 3,32, la misma que la del v. 34? Para responder a esta pregunta es oportuno detenernos en el uso que hace Mc de la palabra ójlos, la cual aparece 38 veces, pero solo en tres oportunidades como referencia a una multitud indefinida reunida para una ocasión especial. A continuación, detallamos brevemente los momentos donde se menciona: 1) en 9,25 cuando Jesús expulsa un demonio; 2) en 14,43, acompañando a Judas para arrestar a Jesús, y 3) en 3,32 como el grupo que está sentado junto a Él y se encuentra en el mismo contexto como los que están sentados alrededor (3,34). De esta manera, en 3,32, ójlos no se refiere a la multitud que el narrador indica en otros pasajes utilizando el mismo vocablo (ójlos) para referirse a una multitud más amplia (1,29-34; 2,1-2.4.13; 3,7-9.20), sino a este grupo particular. Podríamos decir “una multitud pequeña”, que se añade al grupo de los que están sentados junto a Él (3,32) en la casa y que se diferencian de las autoridades y los parientes situados fuera (3,31.32). Por lo tanto, esta multitud de 3,32, que después es definida como los que están junto a Él y sentados a su alrededor (3,34), son los discípulos y los Doce. Esta identificación se pondrá en evidencia en la próxima sección (Mc 4,1-34).
En Mc 3,34-35 Jesús afirma que aquel que hace la voluntad de Dios es su hermano, hermana y madre. Con esta máxima concluye esta escena (Mc 3,31-35) y así emite su primera enseñanza a sus seguidores, en la que combina gestos y palabras. Veamos en qué sentido es posible entender los vv. 34-35 como una instrucción a los discípulos.
La afirmación del v. 35 se encuentra precedida por un gesto: la mirada (periblépo 4) dirigida al grupo que está en torno a él. Con este gesto define una relación privilegiada con ellos y, al mismo tiempo, el narrador indica que Jesús distingue este grupo de los que se encuentran fuera de la casa. Podríamos decir que es una mirada que “engendra”, puesto que crea, separa y distingue entre los de adentro y los de afuera.
Este gesto es acompañado con la expresión: “cualquiera que hace la voluntad de Dios, este es hermano de mí y hermana y madre es” 5. Con esta afirmación, Jesús sostiene que el discípulo, al hacer la voluntad de Dios, es parte de su familia. Así Él define el discipulado en clave familiar 6.
La mención de los hermanos espirituales de Jesús tendría una resonancia especial entre los lectores de Marcos, ya que los primeros cristianos se relacionaban entre si como hermanos y hermanas. Más aún, la visión de una nueva familia encajaría en la experiencia de cumplimiento escatológico de la comunidad de Marcos, ya que las tradiciones del Antiguo Testamento, el judaísmo y el cristianismo miraban la restauración de la familia como un signo del tiempo final (cf. Sir 48, 10; Lc 1, 17). Asimismo, Marcos muestra que conoce la dimensión escatológica del concepto de la nueva familia por la terminología que usa en 10,30. Además,
no es casual que el autor, cuando describe a Jesús mirando a quienes están sentados a su alrededor (3,34), utilice términos similares a los que aparecen en Is 49,18-21 y 60,4. Allí se dice que Sión debe alzar los ojos y mirar en torno para ver a sus hijos que vuelven a ella 7.
Sin embargo, la visión de Jesús contiene una dimensión que no está presente en esos pasajes de Isaías. Puesto que la mirada de Jesús es creadora, no se limita a registrar la existencia de una familia escatológica, como sí lo expresan los textos de Isaías, sino que hace que esa familia comience a existir a través de una mirada que interpela a sus destinatarios. Por lo tanto, la mirada de Jesús es generadora de relación y es capaz de distinguir a los suyos de aquellos que no quieren serlo. De esta manera, las palabras de Jesús quedan reforzadas de modo intertextual al precisarse que la gente está sentada “alrededor de él” 8.
Por un lado, es interesante destacar “el uso del genitivo tou Theou (de Dios), que puede ser considerado en sentido objetivo (aquello que Dios quiere que haga) o subjetivo (la misma acción de deseo o de querer de Dios)” 9. La combinación de esta frase con el verbo “hacer” (el que haga la voluntad de Dios) apoya el matiz objetivo. Por otro lado, esta expresión, para un lector atento, evoca el episodio del Bautismo (Mc 1,11). Ya en el comienzo de su actividad pública Jesús se manifiesta como heraldo del reinado de Dios. “La afirmación de la voz del cielo: ‘Tú eres mi Hijo amado’, hace presagiar que actuará en nombre de Dios, pues en aquella cultura el rasgo que mejor caracterizaba a un hijo, era la obediencia a su padre” 10. Al identificarlo como el Hijo, el narrador anuncia que Jesús vivirá y actuará en obediencia al Padre. De este modo, la relación filial se presenta como el camino para entrar en la lógica de Dios. Este vínculo filial explica su forma de actuar: enseñar con autoridad, la potestad de expulsar demonios y sanar enfermos. En algunas situaciones, dicha relación es más visible. Por ejemplo, en el primer anuncio de la Pasión, Jesús revela a sus discípulos que su camino hacia la cruz responde al plan de Dios (Mc 8,31). Al anunciar de este modo su Pasión, Jesús muestra que asume como hijo obediente este designio divino. En el relato de Marcos, Jesús sabe que la muerte del Hijo amado y su resurrección pertenecen al plan de Dios revelado en las Escrituras (Mc 12,10-11) 11.
Adoptar esta propuesta no es nada fácil porque supone renunciar a uno mismo, a la propia visión de las cosas y al propio proyecto para entrar en otra lógica, que resulta humanamente incomprensible. En otras palabras, con esta expresión, Jesús les está enseñando a sus seguidores que, para seguirle, para ser familia suya, es preciso entrar en la lógica de Dios y, para ello, tienen que descubrir que la puerta de acceso es Él. Porque quien quiera ser discípulo de Jesús deberá aprender a aceptar la voluntad de Dios como lo hizo Él.
Entonces ¿cómo es posible pasar de la lógica humana a la divina? Para encontrar una respuesta más clara, el lector deberá estar atento a las pistas que el autor, a lo largo del relato, le va proporcionando tanto a él como a los discípulos de Jesús.
Hasta este momento, el lector ha recibido dos claves: primero, la información adquirida en el momento del Bautismo. Y segundo, la llamada de los primeros discípulos, cuando Jesús los invita a ir detrás de Él. Por eso, el lector, cuando escucha que Jesús afirma que el que hace la voluntad de Dios forma parte de su familia, es invitado a relacionar las pistas anteriores: Dios reconoce a Jesús como su Hijo y luego Jesús invita a sus seguidores a ir detrás de Él, es decir, a descubrir que su seguimiento es identificación con su persona.
Ahora bien, la llave fundamental que nos permite ingresar en la lógica de Dios aparece en la escena del Getsemaní. Precisamente cuando el maestro toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y se retira a un lugar apartado para orar (Mc 14,32-42). Ante su Pasión inminente Jesús experimenta pavor y angustia y a la vez suplica: “Aparta de mí esta copa”. La reacción inicial de Jesús refleja el modo de pensar humano. Los discípulos van a ver cómo pasa de este modo de pensar a la lógica de Dios. Jesús entra en ella gracias a la oración. Su oración es una súplica, pero tiene como nota distintiva la filiación, por lo tanto, es una súplica filial, en la que se manifiesta que el Hijo está dispuesto a cumplir la voluntad de su Padre.
Esta escena encuentra su clímax con la expresión que usa Jesús al dirigirse a Dios: “¡Abba, Padre! Tú lo puedes todo. Aparta de mí esta copa. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú” (Mc 14,36). En esta oración, Jesús no solo se manifiesta como Hijo de Dios, sino que nos está indicando el camino para pasar de la lógica humana a la divina. Por eso, el narrador le informa al lector que para seguir a Jesús “es preciso acompañarle en esta oración que brota de la especial relación con el Padre” 12. En ella, el Hijo es invitado a aceptar la voluntad del Padre y renunciar a la suya. Se trata de una renuncia libre hasta el punto de hacer suya la voluntad del Padre, porque se identifica con ella. En efecto, el rasgo más característico de la actuación de Jesús es que en todo momento aceptó y puso en práctica la voluntad de Dios. Esto es lo que Jesús quería decir a los Doce cuando les explicó que para ir detrás de Él era necesario renunciar a sí mismos y perder la vida para ganarla 13. Esta es la clave para ingresar en la lógica de Dios, fuera de la cual el camino del seguimiento resulta incomprensible.
Todas estas claves que encontramos a lo largo del relato del evangelio de Marcos nos han ayudado a comprender mejor que tanto el simbolismo del contexto narrativo como el dicho conclusivo de Jesús (Mc 3,35), se presentan como el centro de un nuevo círculo familiar. Todo parece indicar que este círculo está formado por aquellos que escuchan sus enseñanzas 14. De esta manera, Mc 3,31-35 conduce al siguiente capítulo del evangelio, no solo por el contraste entre “los de dentro” y “los de afuera”, sino también por el tema: el de escuchar la voluntad de Dios (Mc 4,1-20).
Por lo tanto, podemos afirmar que los verdaderos discípulos son quienes se reconocen familia porque entienden que hacer la voluntad de Dios los incorpora al círculo familiar de Jesús y los identifica con Él por el camino de la obediencia filial, itinerario que Él adoptó para llevar a cabo su misión.
En el punto anterior, hemos analizado cómo el narrador nos ha presentado a Jesús instruyendo a sus seguidores, a partir de un gesto que es acompañado por una máxima en la que ha definido el discipulado en clave familiar. Con esta enseñanza, el Jesús marcano ya ha comenzado a instruir a sus seguidores, indicándoles que hacer la voluntad de Dios es la clave fundamental para entrar en la lógica de Dios. Y al mismo tiempo, Él es la llave para acceder y vivir esta máxima, porque es quien mejor vive la obediencia filial.
Una vez finalizada la escena anterior, el narrador en Mc 4,1-2 construye el marco del discurso parabólico. Para ello, las referencias son colocadas con suma prudencia, permitiendo un progreso en el relato y proporcionándole pistas al lector para comprender cómo ha de interpretar las parábolas 15. Es importante destacar que este es el único discurso detallado de Jesús en público que Marcos recoge 16, lo que indica su importancia en el conjunto del evangelio.
Lo primero que nos dice el narrador es que Jesús regresa a la orilla del mar, la que había visitado por última vez en 2,13. De este modo, el mar se convierte en el nuevo escenario de sus enseñanzas. El mar de Galilea es central en los movimientos espaciales de Jesús 17. Allí llama a los primeros discípulos (1,16) y enseña a menudo a las multitudes en la tierra junto al mar (2,13; 3,7; 4,1; 5,21). Sin embargo, físicamente, el mar es una barrera entre la tierra de Galilea y las tierras extranjeras, aunque tal como lo expresa el narrador, Jesús cruza fácilmente esta barrera (4,35; 5,1.21; 6,51-53; 8,10.13). Además, la mención por parte del narrador de que Jesús está sentado en la barca, unido a la referencia de la orilla del mar, permiten que un lector atento comience a vincular este espacio con el seguimiento y la enseñanza, presentes en pasajes anteriores (1,16-20; 2,13; 3,9).
Otro elemento importante, es la indicación que Jesús se sentó, su postura es decididamente la de un maestro que se dispone a instruir. Con este gesto, Jesús domina la escena. De forma creativa, con esta indicación de Jesús sentado, el autor por un lado muestra cómo todos los personajes ponen su mirada en Jesús y, por otro, invita al lector a imitar a la multitud, que tiene la mirada en Jesús y está expectante frente a lo que va a suceder.
El significado de esta escena queda subrayado por la repetición de palabras relacionadas con la enseñanza (el verbo didáskein, enseñar, se utiliza dos veces; didajé, enseñanza, se utiliza una vez) 18 y por la invitación de Jesús a escuchar. El hecho de que el verbo escuchar esté en imperativo indica que lo que se va a decir tiene gran relevancia. Lo que demanda del auditorio no solo es el silencio para poder oír lo que está por pronunciar Jesús, sino también para comprender el sentido de las palabras. Todos estos elementos generan un clima que dispone al lector a abordar el discurso que Jesús pronunciará a continuación bajo esta clave interpretativa.
Sin detenernos en la estructura de la sección y tampoco de la parábola, porque nos extenderíamos demasiado 19, observamos cómo Jesús va instruyendo a sus discípulos, es decir su pedagogía. Para eso, analizaremos algunos elementos literarios que proporcionarán las claves para continuar trazando el perfil pedagógico y el método que utiliza Jesús.
En los vv. 3-8 Jesús pronuncia la parábola del sembrador 20 o mejor aún, la de los diferentes tipos de terrenos, que será de suma importancia para poder comprender las demás (v. 13). Sin embargo, ya en 4,3, tal como lo indicamos anteriormente, Jesús llama la atención sobre la importancia de esta parábola al introducirla con un imperativo en segunda persona akoúete (¡escuchen!); este mandato recibe su paralelo al final de la parábola (v. 9), donde se utiliza el mismo verbo akoúetō (¡que oiga!). Pero, existe un progreso entre los usos del verbo akoúō porque, a diferencia del v. 3, los destinatarios no son el público en general, sino solo los que tienen oídos para oír. Este progreso permite descubrir que la enseñanza no es para todos igual, que no todos pueden acceder al misterio que encierra la parábola de los diferentes terrenos.
Esta distinción nos hace preguntarnos por qué Jesús habla de esta manera y por qué solo es comprensible para algunos. “Este recurso que consiste en cambiar de auditorio era frecuente dentro de la tradición del evangelio, hasta el punto de transformarla en parábolas discipulares” 21. Por consiguiente, el lector debe preguntarse constantemente: ¿quiénes son los oyentes originales?
Todo parece indicar que, si bien esta parábola es dicha para todos, no todos captan su mensaje, lo cual hace suponer que este es un discurso disfrazado 22. Este tipo de recurso literario era muy frecuente en la cultura del siglo i. Servía para advertir y motivar al auditorio. El uso de imágenes funcionaba como estrategia para que los destinatarios “originales” pudieran comprender que ese discurso estaba dirigido a ellos. De esta manera, por medio de las parábolas, Jesús se comunica con los suyos, es decir, con los que son capaces de oír. Por lo que esta exhortación final (v. 9) establece una transición para introducir el motivo por el cual Jesús habla en parábolas (vv. 10-12).
El autor, de forma escueta, nos indica que, una vez pronunciada la parábola de los diferentes terrenos, Jesús se queda a solas con los que estaban en torno a él y los Doce. Estos dos grupos, desde la escena de la casa, son los que se muestran cercanos a Jesús. Es extraño que no se informe qué pasó con la multitud, tampoco nos dice el narrador si Jesús con estos grupos se retiró a un lugar distinto de la orilla 23. La única información es que Él está a solas con ellos. Esta es la primera vez que se menciona que Jesús está a solas con sus discípulos, esta situación se repetirá cuando se encuentren en Cesarea 24. Este dato es importante porque manifiesta la exclusividad que ya tienen estos grupos en relación a Jesús.
El estar a solas con Jesús genera el clima de intimidad 25 y confianza que posibilita que ellos puedan preguntarle sobre las parábolas. De esta manera, en estos versículos el narrador ha querido representar al maestro enseñando en parábolas y, una vez que ha culminado, ahora la palabra la tienen los “alumnos” 26. La pregunta de estos dos grupos genera un punto de inflexión porque en los vv. 11-12 Jesús indica el motivo por el cual habla en parábolas. Veamos cómo de forma cuidadosa Marcos propone los motivos de este tipo de enseñanza. Para ello se vale de dos elementos: el uso del pasivo divino y una cita del Antiguo Testamento, que será la clave hermenéutica para comprender el motivo por el cual Jesús habla de esa manera.
Tras la pregunta sobre el sentido de las parábolas Jesús responde utilizando un pasivo divino 27 (dédotai). Lo que le ha sido dado en la parábola de los diferentes terrenos es el misterio del Reino. Sin embargo, los discípulos aún no comprenden y por ello precisan una explicación que les permita esclarecer lo que Jesús ha transmitido en dicha parábola. Podemos encontrar un ejemplo de este recurso en Dn 2,27-30, donde Daniel dice que en el sueño parabólico del rey Nabucodonosor Dios ha revelado y ha dado a conocer al rey misterios, aunque Nabucodonosor no lo entenderá hasta que Daniel le ofrezca su interpretación 28. De la misma manera los discípulos precisan de la interpretación de Jesús para comprender el sentido de lo que expresa la parábola de los diferentes terrenos.
El uso de este pasivo divino ya establece la distinción entre los que están en torno a Él junto con los Doce y los de fuera. La respuesta de Jesús presenta una especie de antítesis simétrica entre el efecto que la enseñanza de Jesús produce en los discípulos y el que produce en los de fuera.
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El misterio del reino de Dios 29 |
Todas las cosas |
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Se os ha dado |
sucede |
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A vosotros |
A los de afuera |
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(con explicaciones) |
En parábolas |
Al momento de introducir la cita de Is 6,9-10, el narrador utiliza la expresión hína. Si bien esta palabra no forma parte directa de dicha cita, la idea se encuentra en el texto del Antiguo Testamento. No resulta inmediatamente claro quién es el que quiere la finalidad de la cláusula que empieza con hína: si es Jesús o el mismo Dios. Pero si tenemos en cuenta el trasfondo de Is 6, lo más probable es que debamos suponer que se trata de Dios. Puesto que en Is 6 es Él quien le anuncia al profeta su intención de endurecer el corazón de Israel.
Sobre el significado de hina se ha discutido mucho 30, sin embargo, siguiendo a Peisker 31 considero que el uso más apropiado en este caso sería el consecutivo 32, es decir, que puede denotar más el resultado que la finalidad, lo cual implicaría que el Jesús marcano puede estar diciendo que su discurso parabólico tiene como resultado el aumento de la incomprensión del pueblo y no que él quiera que sea así. En otras palabras, la eficacia de las parábolas depende no solo de las mismas, sino del carácter de los oyentes. Ahora bien, para comprender estas palabras del Jesús de Marcos, es necesario analizar el uso que hace de la cita de Is.
El Jesús marcano, con el uso de la cita de Is 6,9-10, manifiesta su originalidad al invertir el orden oír/ver, presente en el texto de Is, colocando primero el ver y luego el oír 33. Esta opción sugiere su preocupación por la visión, como se pondrá en evidencia más adelante en los dos relatos de curación de ciegos (8,22-26; 10,46-52). Y el hecho de ubicar al final la referencia a oír permite vincular con el relato de la explicación de la parábola de los diferentes terrenos en donde este verbo es clave. Además, un elemento que manifiesta la sabiduría de Jesús como maestro es que en la cita de Is 6,9-10 encontramos una progresión que implica pasar del mirar al ver y del oír al entender. Para comprender con mayor claridad es necesario detenernos brevemente en el significado de cada uno de los verbos utilizados.
El uso del verbo blépō, que es el primero que se utiliza, tiene el “significado fundamental de mirar, percibir ópticamente, aprehender visualmente, indica generalmente una visión física y se opone a menudo al estar físicamente ciego” 34. Por su parte, el significado fundamental del verbo joráō “es ver con los ojos y en sentido figurado significa percibir, conocer, experimentar, tener en cuenta” 35. Aquí sin lugar a dudas Marcos lo utiliza para indicar una visión o penetración espiritual.
El significado del verbo akoúō 36 es oír, enterarse, acción de escuchar y se utiliza en el versículo para indicar una percepción meramente física. Mientras que el verbo syníēmi significa darse cuenta de, entender, comprender; es decir, se trata de un nivel más profundo de conocimiento. Este verbo se utiliza de manera predominante para referirse a la palabra de Dios o al mensaje y la actividad de Jesús 37.
Esta distinción de los verbos nos permite intuir la razón por la cual Jesús habló en parábolas. Y, además, Él les está enseñando a sus seguidores un proceso que consiste en pasar del blépōsin al ídōsin y del akoúōsin al syniōsin. Por lo tanto, ese será el itinerario que ellos deben realizar para adentrarse cada vez más en los misterios del reino. De esta manera la cita de Is 6,9-10 se convierte en la clave hermenéutica 38 para comprender por qué Jesús habla en parábolas y al mismo tiempo manifiesta el itinerario que el discípulo debe transitar en su camino formativo.
Una vez presentadas las claves para comprender el lenguaje parabólico, Jesús comienza a explicar el sentido de la parábola de los diferentes terrenos. Esta explicación, desde el punto de vista teológico, “sirve para unir la cristología (la persona y la obra de Jesús) y el discipulado (la respuesta a las invitaciones y acciones de Jesús)” 39. Para ello, les proporciona a sus discípulos las claves interpretativas de la parábola, de tal forma que sean capaces de adentrarse en los misterios del reino. La primera, es la identificación de la semilla con la Palabra. Esta información es nueva, puesto que en el relato de la parábola no se indicaba.
La segunda indicación es el verbo oír que establece no solo la capacidad de escuchar, sino también de acoger el don de la Palabra como una condición indispensable del discípulo. Sin embargo, tal como lo expresa en los terrenos improductivos no basta con escuchar la Palabra, sino que es necesario producir frutos. De esta manera, Jesús está enseñando a sus discípulos que el modo como se escucha es fundamental para producir frutos. Esto se ve reflejado no solo al presentar tres tipos de terrenos improductivos en contraposición a la tierra fértil, sino también al indicar el tiempo verbal de akoúō. Mientras que, en los tres terrenos infértiles, el verbo se encuentra en subjuntivo aoristo y en participio aoristo, en el v. 20 aparece en presente indicativo. Este cambio gramatical implica que las personas a las que se describe aquí escuchan la Palabra, se mantienen continuamente atentos a ella. Es decir, existe una escucha permanente de ella hasta el punto de que se convierte en el centro de sus vidas.
El v. 20 es clave porque allí Jesús no solo indica la importancia de una escucha permanente de la Palabra, sino que también indica la importancia de acoger la Palabra, es decir encarnarla, vivirla para luego dar fruto. De esta manera, Jesús presenta en este tipo de terreno un proceso en el que hay un tiempo para cada cosa (escuchar-acoger-dar frutos). Considero que este progreso en tres momentos no es más que la presentación gráfica del proceso discipular. Por lo que podríamos identificar el tiempo de escuchar con la instancia de la llamada inicial; el momento de acoger con la experiencia de estar con Jesús, en donde en su compañía se interioriza el don de su palabra y el momento de dar frutos con el tiempo de la misión.
A partir de la explicación de la parábola de los diferentes terrenos, Jesús identifica diferentes grupos y, en cada situación descrita, remite a algunas respuestas narradas en el evangelio. La primera explicación tiene cierta coherencia con la explicación precedente: joí pará tēn hodón identifica a aquellos a los que se refiere la tierra que está junto al camino. Se trata de un grupo en el que la palabra ni siquiera echa raíces. El hecho de que Satanás arrebate enseguida lo sembrado en ellos podría hacer referencia al grupo que se muestra hostil a Jesús (escribas y fariseos). La palabra de Jesús en ellos no ha tenido ningún efecto. Podemos ver cierto paralelismo entre al costado del camino y los que están fuera, es decir los que escuchan sin oír y ven sin entender 40.
En la segunda explicación, Jesús introduce un cambio al momento de explicar, porque ahora los granos sembrados son los que se identifican con otro grupo. Constantemente se juega con una cierta versatilidad en la identificación, lo cual revela que la interpretación no es una simple alegoría de la parábola, sino en cierto modo un comentario, un midrash. A diferencia del grupo anterior, este recibe la palabra, sin embargo, dura poco en ellos. El hecho que se describa al terreno como pedregoso (tá petrōdē) ofrece una primera pista para identificar a este segundo grupo, pues en ella resuena el nombre de Pedro (Pétros).
Otro elemento que nos permite identificar este segundo grupo es el contraste entre la aceptación entusiasta del comienzo y la falta de perseverancia que desencadena en el abandono. Esta descripción refleja el itinerario de los Doce en el relato de Marcos: enseguida lo dejan todo (Mc 1,18.20), pero al final abandonan a Jesús (Mc 14,50). A este elemento debemos agregarle el vocabulario utilizado (thlípsis-diōgmou) que evoca la situación descrita en Mc 13 y el abandono en el momento de la pasión (skandalízomai).
La estructura sintáctica del tercer caso es similar a la segunda. Aquí la Palabra permanece más tiempo, pues los términos que indican brevedad (eúthys, próskairoí) están ausentes. Se trata de un grupo de seguidores de Jesús distinto de los Doce, que no resulta fácil identificar. Cuando Jesús indica los motivos que terminan ahogando la Palabra, hace pensar en el hombre rico que se acerca a Jesús en Mc 10,22.
En el v. 20, la formulación de este caso es diferente, sobre todo de los verbos. En lugar de speirómenoi (participio presente que indica duración), se usa sparéntes (participio aoristo, que se refiere a un momento puntual en el pasado). En lugar de akoúsoin (subjuntivo, que indica posibilidad), o akoúsantes (participio presente), se usa akoúousin (presente que indica la realización de la acción en su forma más plena). Este grupo se caracteriza no solo por la permanencia de la semilla, sino por el hecho de que esta da fruto. El proceso entre la acogida y el fruto se describe en tres momentos: escuchan, la aceptan y dan fruto. Estas tres fases caracterizan el proceso discipular, el cual no está completo si no se llega a dar fruto. El oyente correcto no solo oye la Palabra del Reino, sino que también entiende de qué se trata y, en consecuencia, produce frutos 41.
Estos elementos que aparecen en la explicación de la parábola de los diferentes terrenos son un comentario de Jesús a la parábola en clave discipular. La finalidad inicial de las parábolas era explicar la dinámica del Reinado de Dios (Mc 4,26.30), pero en la relectura que hace Marcos se subraya que a esta dinámica pertenece la acogida que los diversos grupos le prestan, lo cual tiene que ver directamente con el discipulado 42. En el midrash que hace Jesús, no solo presenta los obstáculos que impiden el progreso del proceso discipular, sino que también presenta las claves para que el discipulado sea fecundo: ser oyentes asiduos de la palabra, aceptarla en la vida y luego, dar frutos.
En este largo discurso parabólico, el Jesús marcano en Mc 4,21-25, a partir de parábolas dobles 43 (el candelero y la medida), otorga a sus discípulos una nueva clave en su forma de hablar. Con la parábola de la luz que debe ser puesta en un celemín, juega con la oposición debajo-encima, oculto-revelado. De esta manera Jesús propone correlaciones interesantes, en cierto modo paradójicas y cuya función es final, pues es obvio que lo manifiesto lo es en relación a lo oculto. Lo que se esconde es, en el fondo, para que se descubra y lo que se mantiene en secreto para que se haga público. De esta manera, da la clave de su forma de hablar en parábola, en la misma línea en que ya había presentado un contraste entre los de fuera y los de adentro. Además, la paradoja central es la que opone ocultar/revelar. Por lo que “una parábola oculta o revela, según la sintonía del oyente” 44. Por eso, en el v. 23 al igual que en 4,3.9 el verbo akoúō está en imperativo presente, lo cual sugiere una actitud continua, es decir, permanecer escuchando, en este caso la palabra divina.
Esta necesidad de escuchar es ilustrada con la exhortación: “Presten atención [literalmente, “miren”] lo que escuchan” (Mc 4,24). Como en 4,3 y en 4,12, el sentido del oído viene reforzado por el de la vista, sugiriendo que lo que aquí se busca es la implicación de toda la persona, con todas sus facultades. Otro aspecto significativo del lenguaje empleado es la llamada a prestar atención no a la forma en que uno escucha, sino a las cosas que escucha.
El extenso discurso parabólico culmina con dos pequeñas parábolas (la semilla que crece sola y la del grano de mostaza). A partir de estas parábolas podemos descubrir algunas claves que nos ayudan a profundizar en torno a la pedagogía del Jesús marcano 45.
Con respecto a la parábola de la semilla que crece sola conviene destacar que hay que observar exactamente los rasgos particulares del relato en el orden que tienen. Primer rasgo: lo único que hace el sembrador es sembrar. Segundo rasgo: después viene el crecimiento de la semilla, independientemente del sembrador. El tiempo que pasa se expresa mediante las acciones habituales del campesino de acostarse y levantarse, y mediante el transcurso del día y la noche. La atención se centra solo en este hecho; los demás trabajos del campo no entran en consideración. El narrador afirma que germen y crecimiento de la semilla no es obra humana. En el v. 28 el relato alcanza su culmen: por sí misma la tierra da fruto. Al mismo tiempo sigue contándose cómo crece la planta hasta granar. El tercer rasgo: se menciona la cosecha; y ella se indica, según Joel 4,13, como la acción de Dios del final de los tiempos. Así se confirma la interpretación de toda la narración y se orienta a la acción poderosa de Dios.
De esta manera, el Reino es obra del poder de Dios, no del querer o del mérito humano. El Reino de Dios germina en silencio y se impone sin que intervengan los que han sembrado. Como en la parábola del sembrador, el tiempo presente se concibe ante todo como tiempo de siembra: quien sigue a Jesús sigue sus huellas primeramente como sembrador. Así, Jesús les indica a sus seguidores que ellos están llamados a ser sembradores de la Palabra 46, tarea que recién emprenderán en Mc 6,7-13. Pero también les advierte que el crecimiento y el éxito no dependen de ellos, sino de lo que Dios va obrando en lo secreto de la tierra del hombre. De tal modo que todo el que esparce la semilla de la Palabra sabe que la cosecha, el éxito al final, será solo obra de Dios.
En la parábola, el grano de mostaza 47, a pesar de ser pequeño, se transforma en un arbusto capaz de cobijar a los pájaros del cielo. El verbo habitar, encontrar morada, que es kataskēnoun (literalmente: “poner la tienda”), se utiliza en Zac 2,11 (LXX) y en algunos manuscritos de José y Asenet 15,6 para hablar de la unión escatológica de los gentiles con el Dios de Israel 48. Algunos rabinos hablaron de los gentiles convertidos al judaísmo como de gente que había venido a habitar “bajo las alas de la Shekiná”. Esta imagen remite al Sal 91,1-4, que puede estar en el trasfondo de nuestro pasaje, dado que ese salmo, como nuestra parábola, habla de habitar bajo la sombra de Dios como símbolo de protección divina. De esta manera, a partir de esta parábola podemos descubrir un anticipo de lo que Jesús hará en la sección siguiente al cruzar a la otra orilla y dirigirse a paganos 49 a quiénes también les llega la salvación, como así también anticipa la misión que Jesús les encomienda a sus discípulos al final del relato de Marcos (cf. Mc 16,14-18). Por lo tanto, el seguidor de Jesús debe comprender que a todos se ha de anunciar el Reino y que todos son invitados a encontrar cobijo allí.
Es interesante descubrir cómo el narrador ha elaborado de manera cuidadosa este discurso parabólico. En él es posible descubrir diferentes destinatarios y esto se evidencia a partir de las expresiones: kaí légei autoîs (los de entorno y los Doce) y kaí élegen (público general). Así, Jesús delimita a sus destinatarios y define la relación con estos. El trato es diferente mientras que al público en general solo les habla en parábolas, a los Doce y los que están en torno a Él les explica el sentido de las mismas en privado. A los primeros se oculta los misterios del Reino y a los segundos se les revela. Esta distinción, que se teje en la trama del relato, es lo que ubica a los seguidores de Jesús en un lugar privilegiado con respecto al resto. Ellos tienen un mayor acceso a las realidades que Jesús transmite por medio de las parábolas. Sin embargo, este acceso no habría sido posible sin la intervención de Jesús quién les otorgó las claves interpretativas. De hecho, la pedagogía de Jesús se manifiesta no solo en la capacidad de valerse del recurso pedagógico de las parábolas para enseñar, sino en su labor de explicar el sentido y de dar razones de por qué habla así.
Cabe destacar que, al dar los motivos por los que habla así y al explicar el sentido de la parábola, Jesús está dando a sus discípulos claras directrices para su proceso discipular, en donde la capacidad de ver y oír son claves para comprender su propuesta. Además, “las parábolas en el capítulo 4 funcionan como amonestación contra el falso discipulado: oír superficialmente, manifestar un entusiasmo inicial, pero sin raíces, dejarse seducir por las riquezas o sucumbir en las persecuciones” 50.
En la escena del discurso parabólico hemos visto cómo Jesús se encuentra a solas con sus discípulos, aprovecha esa oportunidad y las preguntas que sus seguidores le hicieron para seguir instruyéndoles. Ha sido una escena en donde maestro y discípulos han tenido un espacio privilegiado para ellos. A lo largo del discurso Jesús les proporcionó claves formativas para su proceso discipular.
Una de las actitudes de los discípulos más destacadas en este discurso fue la capacidad de escuchar a Jesús. Esta actitud fue motivada por el mismo Jesús, quien constantemente les indica sobre la necesidad de escuchar. Ciertamente, la escucha a la cual invita Jesús, tal como lo vimos, no es superficial y meramente física, sino más bien una que es capaz de intuir el sentido más hondo de la palabra. De una Palabra que forma y configura para luego dar frutos.
Una vez finalizado este discurso y la instrucción privada que Jesús les hace, comienza una nueva travesía para Jesús y sus discípulos. Una de las características de esta sección es que el narrador prácticamente no hace referencia a los discípulos. Son pocas las veces que el narrador menciona a Jesús acompañado de los discípulos: en la perícopa de la tempestad calmada (4,35-41), al llegar a Gerasa (5,1), cuando los discípulos le contestan, luego que Él preguntó quién lo había tocado, en el episodio de la mujer con flujos de sangre (5,31) y cuando se lleva consigo a Pedro, Santiago y Juan (5,37.40).
En el resto de la sección Jesús interactúa con otros personajes y los discípulos pasan a un “segundo plano”. Sin embargo, este permanecer en un “segundo plano” no es negativo, porque si en el discurso parabólico una clave fundamental para el aprendizaje estaba en el oír, ahora en esta sección, en la que Jesús hace algunos milagros y exorciza, la clave será el ver. Ellos observan los gestos del maestro. Veamos, qué elementos encontramos en esta última sección que pueden contribuir a ir perfilando la metodología de Jesús al momento de formar a los discípulos.
En la perícopa de la tempestad calmada es la primera vez que los discípulos llaman Maestro a Jesús (4,38). Esta expresión en boca de sus seguidores nos otorga una pista para entender de qué manera Jesús lleva a cabo su oficio de Maestro en este pasaje. Me gustaría señalar brevemente tres características de cómo se describe a Jesús como Maestro: Jesús enseña a partir de la desesperanza; Jesús enseña cruzando fronteras y enseña con autoridad.
En todo el relato de Marcos dos veces los discípulos se encuentran en una situación desesperada en una barca agitada por la tormenta (4,38; 6,45ss). En esta escena, el narrador presenta al comienzo a Jesús en una actitud pasiva: “él estaba en la popa sobre el cabezal durmiendo” (4,38). La gran tormenta que estaba azotando la barca no impedía que siguiera descansando. Es la angustia de sus seguidores la que lo despierta 51.
Es desconcertante en el relato que Jesús sea presentado durmiendo. Sin embargo, este elemento es significativo para responder a la pregunta sobre la identidad de Jesús. Para ello debemos remontarnos al Antiguo Testamento, precisamente a la historia de Jonás quien, igual que Jesús, se encontraba durmiendo en la barca cuando esta afrontaba una tormenta. La diferencia radica en que los discípulos suplican a Jesús que los salve, en cambio en Jonás 1,6 son los compañeros de la barca quiénes le piden que ore a su Dios para que la tempestad termine: de esta manera Marcos no solo presenta a Jesús como superior a Jonás, sino que lo iguala a Dios.
A pesar de ser desconcertante que Jesús durmiera, tenemos que afirmar que esto forma parte de su semejanza con Dios. En la cultura del Medio Oriente Antiguo la divinidad es representada durmiendo, como signo de su soberanía 52. Pero la presencia de un Dios que duerme, incluso en medio de preocupaciones, también se encuentra en algunos textos veterotestamentarios donde los israelitas le llaman para despertarlo, pidiéndole que se despierte y salga en su ayuda: de ello son un claro ejemplo los salmos 35,23; 44,24 y 59,4. Así lo expresa el salmo 44,24:
¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes?
¡Levántate, no nos rechaces para siempre!
Esta imagen del Dios que duerme se combina con la idea de omnipotencia divina y con su supuesta indiferencia frente al sufrimiento del hombre. Al igual que en el salmo, también están presentes en nuestro texto, ya que ante la queja de los discípulos de que a él parecería no importarle lo que sucedía, responde a favor de ellos. Pero este no es el único elemento donde el Jesús marcano es caracterizado con poderes que se le atribuyen a Dios en el Antiguo Testamento, sino que también es semejante cuando increpa la tempestad, es un Dios que guerrea con las fuerzas del mar.
Al calmar la tempestad, Jesús actúa con el mismo poder de Yhwh sobre las fuerzas de la naturaleza, a lo que debemos añadirle la idea de Dios que rescata de la situación crítica: “Pero en la angustia invocaron al Señor, y él los libró de sus tribulaciones: cambió el huracán en una brisa suave y se aplacaron las olas del mar; entonces se alegraron de aquella calma y el Señor los condujo al puerto deseado” (Sal 107,28-30). Y también la lucha de Dios con los poderes caóticos: “Tú hendiste el mar con tu poder, quebraste las cabezas de los dragones en las aguas” (Sal 74,13s). Esta potestad es exclusiva de Dios, así lo manifiesta el libro de Job 26,12: “Con su fuerza, reprimió el mar”. Todos estos pasajes veterotestamentarios, que presentan a Dios venciendo los poderes caóticos y recuperando el orden que se había perdido, son los rasgos propios de una divinidad que ordena el caos, postulado que encontramos incluso en los orígenes, en Gn 1,6-7: “Dios dijo: que haya un firmamento en medio de las aguas para que establezca una separación entre ellas. Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él”.
Además de estos rasgos, que son propios de Dios y que Marcos le ha atribuido a Jesús, existe un elemento que solo un lector atento al relato del evangelio es capaz de intuir, una pista que el mismo autor le está presentando para la comprensión de la identidad de Jesús. Ese dato es el uso del verbo callar-increpar a la tormenta. Este verbo que tiene a Jesús como sujeto recuerda a lo que le hizo al espíritu impuro en Mc 1,25, quien llama a Jesús “Hijo de Dios”; sin embargo, en él no encontramos una voz autorizada que pueda dar testimonio, por ello Jesús lo manda a callar. De esta manera, el autor presenta a Jesús “exorcizando la tormenta 53” pasando del caos a la calma.
Al ver lo que había hecho Jesús, los discípulos dicen: “¿quién es este? ¡Que hasta el viento y el mar le obedecen!”. Esta pregunta hace que el lector caiga en la cuenta de que en este texto lo importante es poder descubrir la identidad de Jesús, porque es una manifestación de Dios que actúa con el poder de Dios. Este elemento es clave en la cristología de Marcos. La pregunta de los discípulos al término del relato está en la misma sintonía de Mc 1,27-28: “¿qué es esto?”. Esta vinculación con el pasaje anterior está marcada porque en uno increpa al mar y en otro al espíritu impuro. Podemos reconocer un progreso en la pregunta con respecto al pasaje anterior: la reacción impersonal (¿qué es esto?) frente al primer exorcismo se ha intensificado, convirtiéndose en una pregunta personal (¿quién es este?).
La exclamación final de los discípulos es sin lugar a dudas un elemento que busca esclarecer lo planteado en la pregunta “¿quién es este?”. Teniendo en cuenta esto, encontramos en un texto de Qumrán (4Q521) una expresión similar: “Los cielos y la tierra obedecerán a su Mesías” 54. Este fragmento habla de la presencia del Mesías escatológico a quien no solo los hombres obedecen, sino que también los poderes inanimados. De tal modo que aquel al que se le reconoce con estos rasgos no es un simple ser humano, sino una figura cósmica. Por lo tanto, podemos afirmar que Jesús es el Mesías, un Mesías que lleva consigo las huellas de la divinidad.
A la pregunta existencial de los discípulos debemos añadirle el sentimiento que aflora de estos ante la presencia y acción de Jesús, el miedo. Sin embargo, el autor al momento de describirlo utiliza el verbo fobeomaí 55. El significado de este es el temor ante la manifestación de la divinidad y que se distingue del temor que sintieron los discípulos ante la tormenta (deloí); es un miedo irreprensible. Podríamos decir que fobéomaí es un miedo que da paso a la fe. De esta manera, vemos como toda esta perícopa está llena de datos en los que el autor hace ver a sus lectores que Jesús actúa con el poder de Dios.
Otro motivo de desesperanza de la cual no están exentos los discípulos es el fracaso y la incomprensión. Esta realidad alcanza su clímax al final de la sección (6,1-6a). Ciertamente esta no es la única vez que esto sucede en nuestra sección, pero me gustaría detenerme brevemente en el final de esta. En 6,1-6a Jesús regresa a su tierra natal y el autor una vez más nos sitúa en la sinagoga. La enseñanza de Jesús en la sinagoga del lugar y el asombro de los oyentes están relatados de la misma manera que la primera aparición en Cafarnaún (Mc l,21ss). El asombro de los oyentes confirma lo extraordinario de su enseñanza. Lo lógico sería esperar la aceptación de su palabra en Nazaret, pero en lugar de esto sus habitantes formulan preguntas que ponen de manifiesto su crítica: (1) dudan que pueda ser maestro; (2) la naturaleza de su sabiduría es cuestionada; (3) dudan del origen y naturaleza de sus milagros. En la cuarta y quinta pregunta se refieren a su profesión y a su origen (la familia), pero del conocimiento exacto de la familia concluyen los habitantes de Nazaret que Jesús no puede tener ninguna autoridad especial. Todos estos interrogantes no hacen más que poner en evidencia la falta de fe de este grupo de Nazaret y es el desprecio y la falta de fe la que llevan a Jesús a no realizar muchos milagros. Sus milagros no eran solo hechos poderosos, sino que suponían la fe personal como primer paso.
El rechazo que sufre Jesús es un elemento fundamental en el proceso formativo de los Doce puesto que ahora pueden reunir experiencias que les serán útiles cuando sean enviados; para que no sientan el desengaño cuando los rechacen.
Podemos concluir entonces que, en medio de esa situación de desesperanza, Jesús enseña a sus discípulos a aprender a confiar en Él, a dejar atrás el miedo y comenzar a tener fe. Y esta invitación a tener fe radica en su identidad. Deben creer en Él porque Él es Señor y dominador de todo lo creado. Además, les enseña que así como Él ha sido incomprendido y rechazado, ellos también atravesarán esa experiencia.
Cuando ha llegado la noche, intenta enseñar dirigiendo a sus discípulos a cruzar al otro lado (4,35). De esta manera, los términos diérjomai (“cruzar”) y péran (“otro lado”), que manifiestan desplazamiento, se transforman en conceptos instructivos 56. Pero este desplazamiento se caracteriza por trascender barreras. Podríamos distinguir, por un lado, barreras geográficas y, por otro, lado barreras existenciales.
Con respecto a las primeras, a lo largo del relato de Marcos, el narrador presenta a Jesús desplazándose de un lugar a otro: es un maestro itinerante. Y los discípulos en Galilea son compañeros constantes de Jesús. Ellos son su única familia (3,20-35), oyentes asiduos de una enseñanza más profunda (4,10-25.33-44) y testigos de los milagros (4,35-5,43) 57. Este desplazamiento permanente de Jesús también es una manera de formar a los discípulos, porque de esta manera les está anticipando lo que ellos deberán hacer cuando sean enviados a predicar.
Con respecto a las barreras existenciales, vemos cómo Jesús toca y se deja tocar por personas que eran consideradas impuras (poseídos, el leproso de Mc 1,41; la mujer con flujos de sangre y la hija de Jairo), y así les enseña a sus discípulos que, para transformar la realidad desde adentro, es necesario entrar en contacto con esas situaciones para transformarlas realmente.
El asombro por su modo de enseñar aparece por última vez al final de la sección, cuando Jesús retorna a su pueblo y sus conciudadanos se asombran por el modo de enseñar. Una clave de este tipo de enseñanza nos la proporciona el mismo narrador en 6,2: “¿de dónde a este estas cosas y cual la sabiduría que le ha sido dada? ¿Y los milagros tales por medio de sus manos de Él que son hechos?” En esta pregunta, que nace del asombro, es posible ver qué tipo de enseñanza plantea Jesús: con palabras sabias y actos milagrosos. Es decir, este modo nuevo de enseñar de Jesús no es solo de palabras, sino también con acciones. Enseña con autoridad porque sus palabras y sus obras están en permanente sintonía.
A lo largo de la sección Mc 4,35–5,43, el narrador ubica en un segundo plano a los discípulos. Sin embargo, a pesar de que la intervención de estos es escasa (4,38.41; 5,31), aprenden siendo testigos de las acciones portentosas de Jesús: en la tempestad calmada son testigos de la autoridad que Jesús tiene sobre el caos, hasta el punto de preguntarse por la identidad de Jesús; en el exorcismo del geraseno, son testigos de que Jesús es más fuerte que la legión de espíritus impuros. Esta información es fundamental para un lector atento, porque evoca a dos pasajes anteriores: primero, cuando el Bautista caracteriza a Jesús como el más fuerte (Mc 1,7); y segundo, en Mc 3,27, donde también se habla de atar al fuerte como requisito para quedarse con su ajuar. Estos dos pasajes, junto al de la resurrección de la hija de Jairo, permite a los discípulos intuir que su Maestro posee un poder-autoridad superior al resto.
Para este tipo de aprendizaje el narrador presenta como clave fundamental el acompañamiento. Como afirmamos, los discípulos prácticamente no hablan, sin embargo, permanecen junto a Jesús y lo acompañan a todos lados (Mc 4,35–5,1.31.37-40). Ellos son testigos de las acciones de Jesús y esto se debe a que permanecen a su lado. Esta actitud es fundamental, porque evoca a la primera finalidad por la que fueron convocados los Doce: para estar con Él. Sin embargo, la instrucción no es igual para todos. Puesto que del grupo de los Doce, tres de ellos (Pedro, Santiago y Juan) son testigos privilegiados del último milagro.
La fórmula que utiliza (met’ autoû synakolouthēsai) evoca la escena de la elección de los Doce. Esta acción de Jesús permite identificar con más precisión el “mapa discipular” del evangelio de Marcos. Los tres aquí mencionados pertenecen al grupo de los primeros llamados (1,16-20). Más adelante acompañarán a Jesús en la transfiguración (9,2) y en su oración en Getsemaní (14, 33). Los cuatro llamados en primer lugar serán también los interlocutores de Jesús en Mc 13. En los tres pasajes en los que se mencionan tiene lugar una revelación del poder (revivificación), la condición (transfiguración) o la identidad (Getsemaní) de Jesús. La función de estos tres discípulos es ser testigos de estas revelaciones, aunque una lectura secuencial de las tres muestra que no fueron capaces de orar con Jesús y asumir su destino.
Por otro lado, la prohibición de que le acompañe más gente produce una reducción del grupo que acompaña a Jesús. Este tipo de reducción se observa también en otros relatos de milagro en los que tiene lugar una manifestación de lo divino (Mc 7,33; 8,23). Llegando a la casa escuchan el griterío propio del duelo. Su presencia en el relato tiene una función similar a la del consejo de los que habían ido a buscar a Jairo: muestran que ya no hay nada que hacer. Sin embargo, no les hace caso y sigue su camino e ingresa a la casa con los que lo acompañaban. Así, la escena entra en una nueva fase cuando Jesús se queda solo con los padres y los tres discípulos a los que había permitido acompañarle. El grupo de los que le acompañan se ha ido reduciendo desde el momento en que se retomó el relato. Esta reducción anuncia una epifanía divina, en este caso una manifestación del poder de Jesús sobre la muerte.
El acompañamiento permanente de los discípulos se transforma en un modo de enseñanza por el cual Jesús los va formando. De esta manera Jesús complementa su enseñanza en parábolas (discurso parabólico) con las acciones que revelan su identidad y autoridad.
A partir de este estudio hemos buscado analizar de qué manera Jesús forma a sus discípulos. Jesús comienza su tarea formativa una vez que los convocó para que estuvieran con Él. La cercanía es un rasgo identitario del grupo de los Doce y que los ubica en un lugar privilegiado en relación al resto.
Un rasgo general de la persona de Jesús es que es un maestro que va educando progresivamente a sus seguidores conforme a la situación vital. Aprovecha las circunstancias y las transforma en oportunidad para la formación. Es un maestro que enseña en el camino.
En base a tres ejes pedagógicos Jesús comenzó su tarea formativa. En el primero Jesús identifica a sus seguidores como miembros de su familia y de esta manera expresa el discipulado en función de las relaciones familiares. Esta identificación es llevada a cabo mediante la combinación de un gesto que distingue y crea (la mirada) y las palabras: “el que hace la voluntad de Dios es mi hermano y mi hermana y mi madre”. Por eso, para el discípulo hacer la voluntad de Dios es la conditio sine qua non para ingresar en la lógica de Dios y para configurarse con su maestro (Jesús), puesto que Él es quien mejor cumple la voluntad de Dios.
El segundo eje son las parábolas y la explicación en privado de las mismas. De esta manera, Jesús no solo distingue entre sus seguidores y los que están fuera, sino que los discípulos son depositarios de los misterios del Reino. Reino que Jesús ha inaugurado y que ellos deberán proclamar. Sin embargo, Jesús les ha advertido que la clave para comprender radica en la capacidad de escuchar, pero una escucha que es permanente, porque solo así darán frutos. Cabe destacar que, al dar los motivos por los que habla así y al explicar el sentido de las parábolas, Jesús está dando a sus discípulos claras directrices para su proceso discipular, en donde la capacidad de ver y oír son claves para comprender su propuesta, motivo por el cual la cita de Is 6,9-10 es una clave hermenéutica del discurso parabólico de Marcos. A partir, de la parábola de los diferentes terrenos Jesús les amonesta contra el falso discipulado: oír superficialmente, manifestar un entusiasmo inicial pero sin raíces, dejarse seducir por las riquezas o sucumbir en las persecuciones. Además, la parábola de la semilla que crece sola les enseña que quien hace que esta crezca es Dios y el sembrador es simplemente un instrumento. Y en la parábola del grano de mostaza, la enseñanza radica en que el anuncio de la Buena Noticia ha de llegar a todos.
Y el tercer eje se basa en la observación. Los discípulos son testigos de las hazañas de Jesús. Observando es como aprenden del maestro. Esta actitud va íntimamente unida con la primera finalidad por la que ellos fueron escogidos por el Maestro. Es imposible aprender observando si no se permanece a su lado, si no hay una decisión libre y permanente de acompañarlo a todos lados. Sin embargo, como lo ha mostrado el narrador al final, el proceso de formación, incluso para los discípulos, no es igual para todos. De esta forma, el narrador deja en claro que la formación es personalizada.
Así como en el capítulo 4 el oír jugó un papel importante, en el capítulo 5 el ver ocupa ese lugar. Se trata de un ver con los ojos de la fe. La fe que disipa el miedo; que hace que lo imposible sea posible; una fe que los anima a cruzar fronteras y que se apoya en la persona de Jesús. Él les enseña a sus seguidores que, a pesar de que tengan que atravesar situaciones de desesperanzas, tienen que confiar en Él. Para eso, deben dejar atrás el miedo y comenzar a tener fe, y esta invitación a tener fe radica en su identidad. Deben creer que Él es el Señor y dominador de todo lo creado. Además, les enseña que, así como Él ha sido incomprendido y rechazado, ellos también atravesarán esa experiencia. Por último, tenemos que decir que este modo de enseñar de Jesús es diferente al del resto, se trata de enseñanzas que son ejercidas con autoridad y eso se debe a que sus palabras y sus obras están en permanente sintonía.
Por lo tanto, en Mc 3,13–6,6a la cercanía entre Jesús y los Doce es evidente y es el método más eficaz por el que Jesús los va formando. Esta formación es llevada a cabo mediante un acompañamiento permanente, realizado por medio de sus enseñanzas en parábolas (discurso parabólico) y con las acciones que revelan su identidad y autoridad.
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[recibido: 6/3/2025 – aceptado: 8/4/2025]
1 Cf. Guijarro, Los cuatro evangelios, 249-251; Delorme, El evangelio, 33-56; Larsen, “The Structure”, 140-160; Marcus, El evangelio, 87-88. Es importante destacar que Santiago Guijarro Oporto, con sutileza intelectual, distingue en estos primeros capítulos tres fases, a las que las vincula con los ritos de paso: Separación (llamada), Transición (instancia especial de instrucción) y Agregación (envío). Y a partir de criterios literarios, Guijarro divide la sección Mc 1,14-8,30 en tres grandes partes. El fundamento de esta hipótesis radica en la repetición de algunos elementos presentes a lo largo de estos capítulos que el narrador utilizó para articular el relato, pero también para mostrar la evolución de su personaje principal, Jesús, y aquellos que interactúan con él, especialmente los discípulos, cf. Guijarro, El camino, 46. Para un estudio más detallado sobre los ritos de paso, cf. Van Gennep, Los ritos de paso.
2 Bartolomé, “Jesús de Nazaret”, 470-475.
3 Mc 1,1-11.24; 2,16-28.
4 Es importante destacar que periblépo es exclusivo de Marcos en los evangelios (6x), aunque en Lucas aparece una vez. Se trata de una mirada atenta, pero podríamos decir que, en este contexto, solo en Marcos “engendra”.
5 Lohmeyer afirma que aquí se pone el énfasis sobre el hecho de que las relaciones entre cristianos son tan estrechas e indisolubles como aquellas que existen entre persona que nacen del mismo vientre materno (cf. Lohmeyer, Das Evangelium, 81. También Wilkins se refirió a esta expresión y afirmaba que el uso cristiano de esos términos está enraizado en el empleo del Antiguo Testamento, donde “hermanos” y “hermanas” son los que pertenecen al pueblo de Israel, es decir, a los descendientes comunes de Jacob/Israel (cf. Sal 22,22-23). Ese uso cristiano de estos términos se encuentra todavía más cerca del que ofrecen los manuscritos del Mar Muerto, donde el término “hermano” se emplea para referirse a los compañeros de la comunidad elegida, que forman el verdadero Israel (cf. 1QS 6,10.22; CD 6,20; 7,1-2). Cf. Wilkins, “Brother, Brotherhood”, 782-783.
6 Painter, “When is House not Home?”, 511.
7 Marcus, El evangelio, 326.
8 Es una imagen que evoca a un patriarca rodeado por sus hijos (cf. Sal 128,3 y Job 29,5).
9 Marcus, El evangelio, 314.
10 Guijarro, El camino, 121.
11 Cf. Guijarro, El camino, 121.
12 Guijarro, El camino, 123.
13 Cf. Mc 8,34-35.
14 En otros casos, en Marcos hay una multitud que se forma en torno a Jesús generalmente para escuchar su palabra (cf. 2,2.13; 4,1-2; 6,34; 8,33; 10,1), a no ser que vengan para ser curados, en cuyo caso ellos no se sientan tranquilamente en torno a él, sino que se abalanzan sobre él.
15 En un estudio interesante, Cave sostiene que el “contexto original” de las parábolas siempre fue un sermón y que, por eso, hemos perdido “la intención original que el discurso parabólico tenía”. Los sermones judíos se basaban en las Escrituras. Para eso el autor en su estudio propone dos modelos de parábolas judías que fueron proclamadas en el marco de un sermón y las compara con las parábolas de Mc 4 (cf. Cave, “The Parables”, 374-387).
16 Gnilka, El evangelio, 26, 169.
17 Cf. Malbon, “The Jesus of Mark”, 363-377.
18 Marcus, El evangelio, 334.
19 Para propuestas de la estructura de esta sección, cf. Marcus, El evangelio, 334; Taylor, Evangelio, 289. 27; Mateos – Camacho, El evangelio, 372.
20 Nombre con el que se conoce. Sin embargo, lo oportuno sería hablar de: “La parábola de los distintos tipos de terrenos”, con este último nombre nos referiremos en nuestro estudio.
21 Jeremias, Las parábolas de Jesús, 46.
22 Cf. Miquel, “Para que no entiendan”, 51-85. Este artículo utiliza las investigaciones de James Scott sobre lenguajes resistentes en contextos de dominación para mostrar que el discurso parabólico de Marcos puede entenderse como un ejemplo de discurso resistente.
23 Marcus postula la posibilidad que el lugar al cual se retira es en una casa ubicada cerca de la orilla del mar. Cf. Marcus, El evangelio, 344.
24 Mascilongo, “Ma voi, chi dite che io sia?”, 219.
25 Esta característica formaba parte de la relación discipular entre el Maestro de la Ley y su discípulo (talmîd). La convivencia con el maestro era tan importante en la etapa formativa que incluso era más significativa que la enseñanza formal. Así el discípulo aprendía un estilo de vida que se veía reflejada en su modo de actuar e incluso de vestir. Cf. R. Kirschner, “Imitatio Rabinni”, 70-79.
26 En el proceso de formación entre el rabbí y el talmîd, la formación tenía dos dimensiones: una existencial y otra intelectual. La primera consistía en una convivencia permanente con el maestro. La segunda buscaba profundizar en la Misná, la Tosefta y en el Talmud. La enseñanza rabínica se realizaba estando el maestro y los discípulos juntos. El método de enseñanza era por medio de preguntas y respuestas y, en algunas oportunidades, el maestro hacía que sus discípulos debatieran entre sí. Esta práctica permitía ver la solidez de la argumentación y la coherencia de la misma, así como también la sagacidad de los alumnos, cf. M. Martínez Higueras, Haced discípulos, 117.
27 Es una forma de hablar de Dios de modo indirecto. Este modo de hablar aparece en el Nuevo Testamento griego, en el uso de la voz pasiva, en vez de la voz activa donde Dios es sujeto.
28 Marcus, El evangelio, 339.
29 Ib., 345.
30 Kirkland, “The Earliest Understanding”, 1-7. En estas primeras páginas realiza un análisis de las diferentes posturas de los estudiosos conforme al uso de hina. Otro autor que analiza brevemente las interpretaciones del uso de hina es Joel Marcus, cf. Marcus, El evangelio, 341. También se puede consultar Marcus, The Mystery, 119-121; Evans, To See and Not Percive; R. Schnek, Isaiah in the Gospel of Mark 1-8, 129.
31 Peisker, “Miszellen”, 126-127.
32 La finalidad y la consecuencia se sitúan ambas en el futuro que sigue a una acción, un estado, actividad, etc., es decir, lo que sigue a continuación (del mismo modo que la causa se sitúa en el pasado, anterior a una acción, estado, etc.). La diferencia entre finalidad y consecuencia está en el matiz de volición que tiene la finalidad (se realiza esa acción a propósito), mientras que la consecuencia es más involuntaria. Estos matices no siempre se distinguen a nivel lingüístico y aparecen expresados con la misma partícula, como ocurre con hina.
33 Cf. Evans, “A Note on the Function”, Revue Biblique 88 (1981) 234-235. Además, Evans en otro estudio afirma que Marcos trunca el texto de Isaías omitiendo las afirmaciones que describen la ceguera de los ojos, la sordera de los oídos y la falta de discernimiento del corazón (cf. Evans, “The Function of Isaiah”, 127).
34 Muller, “βλέπω”, en Balz, – Schneider (eds.), Diccionario, vol. I, 666.
35 Kremer, “ὁράω”, en Balz – Schneider (eds.), Diccionario, vol. II, 582.
36 Schneider, “ἀκούω”, en Balz – Schneider (eds.), Diccionario, vol. I, 155-156.
37 Balz, “συνίημι”, en Balz – Schneider (eds.), Diccionario, vol. II, 1596-1597.
38 Nagel en un estudio incluso va más allá y afirma que el uso de la cita de Isaías y el concepto de los Doce (Mc 4,10-12) son la clave hermeneútica para comprender no solo las parábolas, sino el evangelio de Marcos como una “parábola por excelencia”. Para eso, presenta seis razones y sugerencias de por qué y para qué Marcos 4,12 informa y define el carácter teológico y la naturaleza del evangelio de Marcos (cf. Nagel, “The Theological Significance”, 1-7.
39 Donahue, El evangelio como parábola, 60.
40 Tolbert, Sowing the Gospel, 161.
41 Gerhardsson, “If We Do Not Cut”, 327.
42 Gerhardsson afirma que la finalidad de los meshalim narrativos (a los que asocia con las parábolas) de los evangelios sinópticos, es la de iluminar. Por eso, a través de la clarificación y la ilustración, el orador ayudará a los oyentes para que entiendan. Sin embargo, el entendimiento del Jesús sinóptico no es un acto intelectual puro, sino que la intención es hacer que los oyentes despierten una visión que los lleve a comprender las palabras de Jesús, Para despertar una visión que exige ser puesta en práctica: una intuición motivadora (el verbo griego para este entendimiento es sunienai). Pero el autor afirma que estos discursos que arrojan luz han de ser aplicados en la vida y a esto es lo que llama “producir frutos” (cf. Gerhardsson, “If We Do Not Cut”, 321-335).
43 La característica de la parábola doble es que las dos parábolas o las dos imágenes presentan las mismas ideas en diferentes expresiones. Jeremías, Las parábolas de Jesús..., 101.
44 Navarro Puerto, Marcos, 157.
45 En el breve análisis que hago de estas parábolas, no pretendo detenerme en todos los elementos, ni mucho menos ahondar en la perspectiva escatológica que tienen estas, puesto que me extendería demasiado e incluso me desviaría del objetivo del presente artículo.
46 Es preciso recordar que en la interpretación de la parábola del sembrador se identificó la semilla con la Palabra, cf. Mc 4,14.
47 La mostaza negra tiene un diámetro de 1,6 mm; la blanca tiene un diámetro doble. La tradición judía celebraba con proverbios su pequeñez. La mostaza se plantaba como condimento y como planta medicinal. A las orillas del lago de Galilea alcanzaba una altura de 2 a 4 metros.
48 La imagen de los pájaros que anidan en los altos árboles simboliza a los súbditos protegidos por potentes reinos (cf. Ez 17,23; 31,6; Dan 4,9). En Ez 31,6 (LXX) esta frase se utiliza como símbolo de todas las multitudes de todas las naciones; en la traducción griega posterior de Teodoción de Dn 4,18 se utiliza una frase semejante como parte de una imagen para indicar el dominio de Nabucodonosor “hasta los confines de la tierra”. Esta vinculación intertextual puede sugerir que los pájaros de nuestra parábola quizá simbolicen a los gentiles, una idea plausible por la identificación explícita de aves con gentiles en dos textos judíos posteriores (1 Henoc 90,30; Midrash Salmos 104,10).
49 Utilizo este concepto, puesto que en Mc 5,1 Jesús y los discípulos llegan a Gerasa. La región de Gerasa pertenece a la Decápolis (diez-ciudades) greco-pagana.
50 Donahue, El Evangelio como parábola, 74.
51 Blount, “Jesus as Teacher”, 188.
52 Cf. Batto, “The Sleeping God”, 153-177. En este artículo, el autor presenta tanto a Enlil como a Marduk durmiendo y cómo el hecho de descansar era signo de su poderío. También presenta al dios egipcio Ptah, quien después de crear descansa.
53 A esto deberíamos añadirle la concepción que existía en Israel de considerar el mar como lugar-espacio del mal.
54 García Martínez, Textos de Qumrán, 409.
55 Balz, “φοβέομαι”, en Balz – G. Schneider (eds.), Diccionario, vol. II, 1966-1975.
56 Cf. Blount, “Jesus as Teacher”, 189-191.
57 Bartolomé, “Jesús de Nazareth”, 463.