Los cuatro conflictos que dieron lugar al NT

Una lectura teológica de la formación del NT

Alfredo Delgado Gómez

CSEU La Salle (Madrid)

alfredodelgado@lasallecampus.es

https://orcid.org/0000-0002-5663-8287

Resumen: Este artículo presenta una lectura teológica del proceso de formación del Nuevo Testamento, simbolizado en cuatro conflictos, de los que fueron surgiendo las diferentes partes que lo componen. El primero, el de Antioquía en el 49 d.C., explica la recopilación de las cartas de Pablo. Del segundo conflicto, el de Pablo con la comunidad de Corinto, emerge la necesidad de conservar las tradiciones sobre Jesús. El tercer conflicto, la destrucción de Jerusalén y la muerte de los apóstoles, suscitó el evangelio de Marcos. El cuarto conflicto es el creado por Marción, y dio lugar a la creación del canon.

Palabras clave: canon, Nuevo Testamento, evangelios, Marción.

The four conflicts that gave rise to the NT

A theological reading of the formation of the NT

Abstract: This article presents a theological reading of the process of the formation of the New Testament, symbolised by four conflicts, from which the different parts of the New Testament emerged. The first, the conflict at Antioch in 49 CE, explains the compilation of Paul’s letters. From the second one, Paul’s conflict with the Corinthian community, emerges the need to preserve the traditions about Jesus. The third conflict, the destruction of Jerusalem and the death of the apostles, gave rise to the Gospel of Mark. The fourth conflict was created by Marcion, and led to the creation of the canon.

Keywords: Canon, New Testament, Gospels, Marcion.

1. Introducción

Este artículo quiere presentar una lectura teológica del proceso por el que se fue conformando el Nuevo Testamento (NT). Para ello se abordan tres aspectos transversalmente: cómo fueron surgiendo los libros del NT; cómo se fue configurando una lista de libros normativos para la Iglesia (el canon); y cómo se fueron agrupando estos libros en un solo volumen (el códice). Como hilo conductor nos fijamos en cuatro conflictos que fueron surgiendo en el cristianismo primitivo y que simbolizan cuatro impulsos que dieron lugar a diferentes escritos que terminaron por formar parte del NT. Antes de desarrollar el proceso de formación del canon conviene tomar perspectiva sobre el estado de la investigación reciente sobre el canon 1.

El estudio del canon desde una perspectiva teológica se ha ido abandonando, especialmente desde las aportaciones de Sundberg 2, quien puso el foco en la perspectiva histórico-crítica. La obra recopilatoria de Käsemann 3 representa el fin de una época, centrada en los criterios teológicos o aspectos como el canon dentro del canon. La perspectiva teológica encontró en Childs un nuevo impulso 4 y todavía existen autores que siguen realizando aportaciones como Wall, Webster, Bovon, Dohmen, de Jonge, etc. 5

Desde las aportaciones de Sundberg, J. A. Sanders y otros 6, se ha ido creando un nuevo consenso que acepta las fuerzas externas como las decisivas para la formación del canon y presenta actualmente dos grandes perspectivas, la open canon view y la closed canon view. Para los autores que defienden la open canon view, el canon no se estableció hasta el siglo iv, en un proceso de crecimiento y exclusión 7. Schröter y Watson señalan que no se puede encontrar una propiedad que afecte a cada libro individualmente y que los determine como canónicos. Así, por ejemplo, cuando se escribieron los evangelios, no había ninguna razón para pensar que solo cuatro serian canónicos. Por su parte, la closed canon view, representada por Trobisch, señala que el canon fue cerrado al final del siglo ii. Las obras del NT fueron producidas como parte de conjuntos, de manera análoga a varios tomos de una enciclopedia. Los códices Sinaítico y Vaticano habrían sido la forma estándar en la que el NT circulaba 8. Para Trobisch los cristianos habrían percibido cualidades en las obras canónicas antes de que el canon apareciera 9. Una tercera perspectiva, que es una versión moderada de este modelo, defendida por Gamble, Stanton y Heckel, afirma que los evangelios, las cartas paulinas y otras cartas circulaban como corpora, hasta que las listas del siglo iv fueron definiendo los límites del NT 10. Barton propone un proceso en tres etapas. El proceso de crecimiento aconteció primero y la delimitación y la exclusión después. Para Barton el canon solo podría haber surgido en la segunda parte del siglo iv 11. De hecho el primer uso de la palabra canon referida a la lista exclusiva de los libros del NT acaece en el tratado de Atanasio sobre las resoluciones del concilio de Nicea 12 (350 d.C.).

Una vez resumida la investigación actual sobre el canon pasamos a sintetizar sus resultados, adoptando para su presentación una perspectiva teológica que toma como hilo cuatro conflictos significativos que acontecieron en el cristianismo primitivo 13.

2. El conflicto de Antioquía. Las cartas de Pablo

Alrededor del año 49 aconteció un conflicto en Antioquía del que solo tenemos el relato de Pablo (Gal 2,11-14) 14. Pablo discutió con Pedro por la separación de los gentiles-cristianos y de los judeocristianos en las comidas de la comunidad. El desencuentro surgió cuando unos judeocristianos de Jerusalén, afines a “Santiago el hermano del Señor”, llegaron a Antioquía y provocaron que Pedro y Bernabé dejaran de compartir la mesa con los cristianos procedentes del paganismo. Pablo debió discutir con Pedro en público sobre este hecho y le echó en cara su incoherencia. Es muy probable que Pablo no saliera bien parado de aquella discusión 15. Años después, en su carta a los gálatas, añade su reflexión teológica a aquel conflicto: uno no se salva por la “obras de la ley” sino por la fe en Jesucristo (Gal 2,16). Para Pablo la salvación viene de haber recibido el Espíritu Santo (Gal 3,2; 5,5-6) y no de la pertenencia al pueblo judío y del cumplimiento de la Torah.

Siglos después, y conociendo el desenlace final de todo el conflicto sobre la pertenencia de los gentiles a la comunidad cristiana, nos resulta hasta sorprendente que este conflicto surgiera. Sin embargo conviene profundizar en él. Así, surgen varias preguntas, ¿cómo es posible que personajes de primera importancia como Pedro, Santiago el hermano del Señor y Bernabé estén aceptando la separación de las mesas? ¿Cómo es posible que ocurra incluso después del acuerdo de Jerusalén (Hch 15; Gal 2,9)? ¿Cómo es posible que no se aceptara a los gentiles plenamente en las comunidades cristianas?

Un primer aspecto del conflicto está relacionado con las reglas de pureza y el cumplimiento de la Ley (Torah). Para el sector judeocristiano, el no comer junto a los gentiles es una necesidad para no ser impuros y así cumplir la Torah. Al comer juntos las causas de impureza se multiplican, dado que los gentiles podrían transmitir la impureza, por ejemplo por haber tocado un cadáver, o bien los alimentos podrían proceder de las ofrendas a los ídolos. En la Torah no se prohíbe comer con los paganos, pero parece que esta separación de los judíos en las comidas estaba bastante extendida (Jub 22,16; 3 Mac 3,4), siendo un caso extremo la separación total de los habitantes de Qumrán. Es muy posible que Pedro, Santiago y Bernabé hayan aceptado lo dirimido en Jerusalén, es decir, que los gentiles no se hagan judíos, pero su forma de actuar en el caso de Antioquía podría significar de manera implícita que ser judío sigue siendo necesario para la fe cristiana. Las razones detrás de Santiago, Pedro y Bernabé seguramente eran complejas y no deben ser ninguneadas. Creo que una de las razones de más peso que debieron esgrimir los misioneros judaizantes es que Jesús había sido judío y que no se recordaba ningún dicho o actitud de Jesús respecto a los gentiles. De hecho, en el evangelio de Mateo se subraya que la misión de Jesús fue para las ovejas perdidas de Israel (Mt 10,6). Puede ser que la lógica de los judaizantes en Galacia fuera que, si Jesús fue judío y su mensaje fue dirigido a los judíos que son el pueblo elegido, ser cristiano implicaba ser judío. En este conflicto Pedro, Santiago y los judaizantes están siendo fieles a lo que Jesús hizo y están repitiendo sus acciones. Lo que no están teniendo en cuenta que lo que ha cambiado es el contexto, de manera que repetir lo mismo en otro contexto es en este caso traicionar parte del mensaje de Jesús. Aquí ser fiel a Jesús implica cambiar.

Un segundo aspecto es que en el conflicto de Antioquia están implicados apóstoles reconocidos. Pedro y Santiago el hermano del Señor no son dos discípulos cualesquiera. Aparecen como testigos de las apariciones de Jesús según 1 Cor 15,3-9, escrita cuando las personas de las que se hablan estaban vivas. Pedro y Santiago alcanzaron un gran estatus en las comunidades judeocristianas de Israel como se refleja en el título “columnas de la Iglesia” (Gal 2,9). Pedro aparece en 1 Cor 15,5 como el primer apóstol receptor de una aparición. Por su parte Santiago, aunque no había sido seguidor de Jesús, era de su familia (Mc 6,3) y recibió una aparición (1 Cor 15,7). Santiago fue un personaje reconocido tanto por judíos como por los judeocristianos (Josefo, Ant. 20.197-203) 16. Así Pedro y Santiago pueden esgrimir entre sus galones haber conocido a Jesús en vida, haber experimentado una aparición y haber recibido el Espíritu Santo. Por su parte Pablo solo podía esgrimir a su favor el haber recibido una aparición de Jesús y haber recibido el Espíritu Santo. Por tanto, en el conflicto de Antioquía, Pablo tuvo que enfrentarse con personajes de primera importancia en el cristianismo y que habían conocido a Jesús. En esta desventaja radica su debilidad y su fuerza. Precisamente porque Pablo no ha conocido a Jesús y por la vocación que recibió, puede vislumbrar lo que el Espíritu suscita en una nueva etapa del cristianismo, en la que hay que aceptar plenamente a los gentiles en la comunidad y a no separar ni la mesa común ni la eucaristía (1 Cor 11,17-33) para que no se separe el cuerpo de Cristo.

Las cartas de Pablo se fueron conservando, porque reflejan la labor del Espíritu en la vida de las comunidades y porque contienen una reflexión teológica muy profunda. Las cartas de Pablo surgieron como respuesta concreta a problemas concretos cuando él no podía viajar (1 Ts 2,18-19). Su segunda opción era enviar a uno de su equipo (1 Ts 3,1). De hecho, Pablo es un equipo, como se refleja en la mayoría de las introducciones y conclusiones de sus cartas. Así Pablo envía sus cartas a través de sus colaboradores, que seguramente las leerían y establecerían diálogos con las comunidades. La riqueza teológica de las cartas de Pablo, unida a su labor como misionero, hizo que sus cartas fueran conservadas tanto por su equipo como por las comunidades a las que fueron dirigidas estas cartas en primera instancia, aunque hay que suponer que estas cartas fueron copiadas y enviadas a otras comunidades como se refleja en 1 Ts 5,27 y Col 4,16. Estas cartas forman la segunda parte del NT y reflejan el impulso del Espíritu Santo, la fuerza que guía a la Iglesia. Ya en 2 Pe 3,16 se llama Escrituras a las cartas de Pablo, donde se reconoce el valor de las cartas para el cristianismo primitivo en una fecha muy temprana.

Entre las cartas del NT podemos encontrar dos grandes grupos de cartas: las cartas atribuidas a Pablo y las cartas católicas. Las cartas paulinas se pueden clasificar entre las auténticas (Rom, 1-2 Cor, Gal, Flp, 1 Ts y Flm), las deuteropaulinas (Ef, Col y 2 Ts) y las pastorales (1-2 Tm y Tito). Las cartas católicas han sido atribuidas a los apóstoles Santiago (Sant), Pedro (1-2 Pe) y Juan (1-3 Jn), siendo Hebreos un caso especial.

El proceso de transmisión y recopilación de las cartas de Pablo no es del todo claro y hoy se acepta que varias de ellas fueron editadas y reunidas en el proceso de transmisión (2 Cor, Rom 16; Flp) 17. Las cartas eran dictadas por Pablo y su equipo a un escriba (Rom 16,22), y seguramente se realizaba una copia que se quedaba en la comunidad 18. Varias de sus cartas fueron escritas desde Éfeso y Corinto, los cuales podrían ser lugares preferentes donde se fue forjando una primera colección de cartas. Asimismo las comunidades destinatarias hicieron copias de las cartas de Pablo que fueron enviadas a otras iglesias (Col 4,16). Es muy posible que se realizara una primera agrupación de cartas que contendría Rom, 1-2 Cor y Gal. Después de Pablo surgieron las cartas deuteropaulinas (Ef, Col, 2 Ts) seguramente escritas por su equipo o sus sucesores y posteriormente las pastorales (1-2 Tm y Tito). Un siglo después este conjunto de cartas fue agrupado según varios criterios: primero se situaron las cartas de Pablo a las comunidades según su longitud (Rom, 1-2 Cor, Gal, Ef, Flp, Col, 1-2 Ts), después las cartas personales (1-2 Tm, Tito y Flm) 19. Mucho tiempo después se añadió Heb. Un importante códice es 𝔓 46 del siglo ii, donde ya aparecen las cartas formando una colección (Rom, Heb, 1-2 Cor, Gal, 1 Ts) 20.

Las cartas católicas, asociadas a los apóstoles Santiago, Pedro y Juan (a la que se añadió Judas), fueron conservadas unidas en códices a continuación de los Hechos de los Apóstoles; un grupo y códice al que se ha denominado Praxapostolos (𝔓 74). El orden de estas cartas refleja Gal 2,9, donde se habla de las columnas de la Iglesia: Santiago, Pedro y Juan. Así aparecen situadas en los códices Vaticano, Alejandrino y Sinaítico, aunque en este último se coloca este grupo detrás de las cartas de Pablo. El orden actual del NT, que separa Hechos de las cartas católicas, proviene de Erasmo 21.

En conclusión, la acción del Espíritu en Pablo, sus colaboradores y en las comunidades que leyeron sus cartas, suscitaron que fueran conservadas y agrupadas, dado su valor teológico y a que fueron reconocidas como Escrituras (2 Pe 3,16).

3. El conflicto de Corinto. Las tradiciones sobre Jesús

El segundo impulso que fue dando lugar al NT puede ser simbolizado en el conflicto de Pablo con la comunidad de Corinto, que ocurrió durante los años 54-57 d.C. En este conflicto vemos prefigurado el proceso que hará que resulte muy significativa la vida de Jesús y por el que se fueron recopilando y agrupando las tradiciones sobre Jesús en pequeñas colecciones orales y escritas; un proceso que con el tiempo desembocará en los evangelios, el otro gran polo del NT.

Pablo había fundado la comunidad de Corinto en los años 50-51 d.C. (Hch 18,1-11). Después se marchó a Éfeso donde también residió un tiempo (Hch 18,19). Mientras residía en Éfeso le informaron de varios problemas en Corinto (1 Cor 1,11) y, dado que no podía ir, envió varias cartas y a algunos de su equipo (Timoteo y Tito) para dialogar con las comunidades de Corinto. En Corinto surgieron varios conflictos 22, pero el que nos interesa subrayar aquí es la posición de algunos de la comunidad de Corinto, que sabiéndose poseedores del Espíritu Santo se sentían sabios (1 Cor 8,1) y libres para hacer lo que querían (1 Cor 8,9). Al tener al Espíritu y sentirse salvados creían que “todo les es permitido” (1 Cor 6,12; 10,23) 23.

Pareciera que los corintios se sienten en igualdad de estatus frente a Pablo porque creen que la posesión del Espíritu le convierte a cada uno en una autoridad en sí mismo 24. El cristianismo por el que abogaba Pablo subrayaba la presencia del Espíritu (Gal 3,2), el fin de la ley (Rom 10,4) y la libertad que nos trae Cristo (Gal 5,1). Entonces, si todos tenemos el Espíritu y opinamos de maneras muy diferentes y además se ocasionan conflictos entre los fuertes y los débiles (1 Cor 8,9), ¿cómo dirimir qué hacer ante estas situaciones? Este conflicto en la comunidad de Corinto fue adquiriendo nuevas fases y problemas, es decir, que Pablo no lo pudo resolver con una mera carta, ni siquiera con su visita.

El trasfondo del conflicto tiene muchas aristas. Primera, el mundo griego tenía como uno de sus valores centrales la libertad 25. Segunda, los cristianos creen vivir en la cercanía del fin de los tiempos (1 Cor 7,29) 26. Tercera, los corintios han entendido bien el mensaje de Pablo tal y como aparece en Gal 3,2: lo importante para nuestra salvación es la fe en Jesucristo y haber recibido el Espíritu Santo, que nos hace iguales y hermanos. Pablo recalcaba que los cristianos son templo del Espíritu, que el Espíritu habita en cada uno (1 Cor 3,16). De hecho, fueron muy pocos los cristianos que habían sido testigos de una aparición del Señor, pero todos sentían que actuaba en ellos la fuerza del Espíritu Santo. Además, todos los que habían conocido a Jesús o bien le abandonaron o no le entendieron o le entregaron a la muerte. Hasta que no recibieron el Espíritu Santo no pudieron afirmar que Jesús era el Señor (1 Cor 12,3). Por tanto lo determinante era haber recibido el Espíritu Santo y no tanto haber conocido a Jesús de Nazaret (2 Cor 5,16) 27.

Pablo se tuvo que esmerar en resolver los conflictos en Corinto, tanto enviando cartas y a sus colaboradores, como viajando personalmente. Pablo despliega en esta carta muchos argumentos y estrategias retóricas para rebatir a los corintios y buscar la unidad de la comunidad. Así, frente a su sabiduría, Pablo argumenta que, aunque todo es permitido no todo edifica ni nos conviene. Pablo ironiza con los corintios que se creen sabios (1 Cor 1-3; 4,10), que la sabiduría de Dios se ha revelado en el crucificado (1 Cor 1,21). Así Pablo afirma que “todos tenemos conocimiento, pero el conocimiento engríe, mientras que el amor edifica” (1 Cor 8,1). Frente a la libertad sin límites de los corintios, presenta el valor de la unidad de la comunidad (1 Cor 1,13). Así Pablo subraya su autoridad conectándola con el Señor (1 Cor 14,37; 4,17). Pablo también necesita volver a las palabras y a la vida de Jesús como marco de conducta de la comunidad. Así en 1 Cor 11,17-33, Pablo recupera las palabras de la institución de la eucaristía para iluminar teológicamente uno de los problemas en Corinto. También cita los mandatos del Señor, rechazando el divorcio (1 Cor 7,10) y sobre cómo los misioneros deben vivir del evangelio (1 Cor 9,14). Ante una comunidad convencida de la presencia y acción del Espíritu, Pablo esgrime germinalmente la vida de Jesús como criterio y norma.

Es a partir de estos conflictos donde va surgiendo la convicción de que la vida de Jesús de Nazaret y sus palabras son importantes, porque solo el Espíritu no vale. La Ley (la Torah y sus interpretaciones) ya no es la llave para encontrar la voluntad de Dios ni para salvarse (Gal 2,16), sino que es la vida de Jesús la que se convierte en la nueva “ley” para los cristianos (1 Cor 9,21). Así Pablo habla de la “ley de Cristo” (Gal 6,2; 1 Cor 9,21). La vida de Jesús nos otorga un marco en el que vivir y un modelo a imitar (1 Cor 11,1; Flp 2,5). Los primeros cristianos, ante la avalancha de nuevas situaciones, se dan cuenta de que necesitan volver a Jesús de Nazaret, a sus palabras interpretadas en el marco de su vida, para encontrar nuevos referentes con los que responder junto con el Espíritu a nuevos desafíos.

Aquí es donde el papel de Pedro es importante, Pedro como símbolo de los discípulos que han vivido con Jesús y han escuchado sus palabras y han compartido su vida con él (Gal 2,7). Pedro, testigo de la vida, muerte y resurrección de Jesús, seguramente murió como mártir (Jn 21,19). Sus recuerdos y la transmisión oral de las palabras y vida de Jesús serán determinantes, como señalará Papías en referencia al evangelio de Marcos: “Marcos, que fue el intérprete de Pedro, puso puntualmente por escrito, aunque no con orden, cuantas cosas recordó referentes a los dichos y hechos del Señor” (Eusebio, Hist. Ecl. 3.39.15) 28. Incluso Pablo, celoso de su independencia, subió a Jerusalén para conocer a Pedro (Gal 1,18). Pedro simboliza el recuerdo de la vida de Jesús como significativa para el cristianismo, como marco donde interpretar sus palabras. Seguramente el papel de Pedro fue recordado por mediar entre dos tradiciones fuertes como fueron la de Santiago y la de Pablo.

Mientras vivieron los testigos presenciales de la vida de Jesús, sus palabras y recuerdos fueron determinantes. Además, en aquel tiempo y en una cultura oral, era más importante el testigo ocular que el texto escrito. Así lo señala Papías, quien en el siglo ii prefería escuchar a testigos que leer un texto: “Porque no pensaba yo que los libros pudieran serme de tanto provecho como lo que viene de la palabra viva y permanente” (Eusebio, Hist. Ecl. 3.39.3-4) 29. Apóstoles como Pedro viajaron por las comunidades anunciando el Evangelio (1 Cor 9,5). Los testigos oculares de la vida de Jesús y los apóstoles eran las personas autorizadas para transmitir e interpretar las palabras y los hechos de Jesús en las comunidades (1 Ts 4,2; 1 Cor 7,10).

Es en este tiempo se van configurando las primeras agrupaciones de dichos (Mc 9), parábolas (Mc 4), milagros (Mc 6), controversias (Mc 2); las cuales se van transmitiendo oralmente y posteriormente por escrito 30. Por esta época surge un primer relato de la pasión y la fuente Q 31, un documento hipotético que contendría dichos de Jesús. No disponemos de ninguno de estos documentos, sino que al ser integrados en los evangelios, acabaron por desaparecer.

En resumen, la resurrección del Señor y el envío del Espíritu fueron interpretados durante un tiempo como el comienzo del tiempo final. Esto, unido al hecho de que los testigos de la vida de Jesús vivían y recordaban sus palabras, no hacía necesario escribir la vida de Jesús. Todos los cristianos se sentían portadores del Espíritu de Dios, que los hacía hermanos. En las comunidades cristianas de mayoría gentil se iba abandonando la Ley, pero cuando surgieron nuevos conflictos se hizo necesaria una nueva ley, la vida de Jesús interpretada y transmitida por los testigos autorizados. Así fueron surgiendo las primeras colecciones y relatos sobre la vida de Jesús. Hemos simbolizado este proceso en la figura de Pedro, uno de los testigos de la vida de Jesús que fue transmitiendo sus palabras. Así el impacto de la vida de Jesús en discípulos como Pedro, inspirado por el Espíritu Santo, es el germen del segundo polo del NT, que se verá cristalizado en los relatos sobre la vida de Jesús conservados en los cuatro evangelios.

4. La destrucción del Templo y muerte de los apóstoles. Surge el evangelio de Marcos

El tercer conflicto que suscitó la configuración del NT fue la destrucción de Jerusalén, así como la muerte de los apóstoles. En el año 70, no solo se destruyó Jerusalén y su Templo, sino toda una cosmovisión y una forma de entender la realidad. Esta destrucción tuvo que suponer un gran shock tanto a los cristianos como a los judíos. La destrucción del Templo, unida a la muerte progresiva de los apóstoles (Hch 12,2; Jn 21,19), la persecución a los primeros cristianos, junto con otros factores, seguramente fueron los catalizadores de que Marcos compusiera su evangelio, el más antiguo de los que disponemos. La metáfora “catalizador” quiere resaltar que el proceso de transmisión de las palabras de Jesús ya había comenzado hacía tiempo, pero el impulso final que llevó a la redacción del evangelio vino de esas circunstancias.

La destrucción del Templo de Jerusalén es un tema importante en la segunda parte del evangelio de Marcos 32. De hecho, el gesto de Jesús en el Templo (Mc 11,15-17) desencadenó seguramente su muerte (Mc 11,18). A su vez Jesús vaticinó la destrucción del Templo (Mc 13,1-2), algo de lo que fue acusado en su juicio (Mc 14,58). Así, tanto la destrucción del Templo como la muerte en cruz del mesías suscitaron la necesidad de elaborar un relato que les diera sentido.

Las preguntas que surgen son: ¿qué inspiró a Marcos?; ¿de dónde sacó las tradiciones en las que está basado su evangelio?; ¿son veraces y nos permiten acceder a Jesús, o han sido tergiversadas en el proceso de transmisión?; si esas tradiciones son de confianza, ¿cómo se han transmitido fidedignamente años después?; ¿qué tipo de texto son los evangelios?

Los evangelios son unos relatos histórico-teológicos sobre la vida de Jesús. El proceso por el que las palabras y tradiciones relacionadas con Jesús terminó siendo parte del evangelio fue complejo. Pasaron muchos años desde el ministerio de Jesús hasta que sus palabras aparecieron recogidas en los evangelios. La razón de que este proceso fuera tan dilatado en el tiempo radica en varios factores: la presencia de los apóstoles en las comunidades, la movilidad de la población, la preponderancia del valor del testigo ocular frente a un texto, la espera inminente del fin (1 Ts 4,15; 1 Cor 7,29), etc. Asimismo hemos de recordar que Jesús no ordenó recordar ni poner por escrito sus palabras 33.

La transmisión de las tradiciones sobre Jesús se puede presentar en tres etapas, las cuales aparecen delimitadas ya en el prólogo de Lucas (Lc 1,1-4). La primera etapa es la transmisión oral de estas tradiciones (1 Cor 11,23). Durante su vida, el hecho de que Jesús hablara con muchas figuras retóricas, rimas, parábolas, etc., posibilitó que sus palabras se recordaran y pudieran ser transmitidas 34. Sus discípulos memorizaron muchas de sus palabras y parábolas y además ya tuvieron alguna primera experiencia como misioneros (Mc 6,7-13). La vida y las palabras de Jesús crearon un impacto tanto en sus discípulos como en una gran parte de la población judía 35. Después de su muerte las palabras y obras de Jesús fueron interpretadas de nuevo, tanto a la luz de su resurrección como del AT (Lc 24,6.25-27), y fueron transmitidas de manera oral por sus discípulos. Hoy se subraya que fueron transmitidas por unos testigos autorizados que las conservaron fielmente 36.

Esta primera etapa oral se va superponiendo a la segunda etapa en la que se comienzan a poner por escrito algunos dichos y hechos de la vida de Jesús. A los pocos años de la muerte de Jesús se debió poner por escrito un relato de su pasión, que incluía muchas citas del AT. Este primer relato trataba de dar un sentido teológico a la muerte y resurrección de Jesús a la luz de las Escrituras. También sabemos que fueron surgiendo pequeñas colecciones de parábolas (Mc 4; Mt 13; Lc 15), de milagros (Mc 6 y 8) y de controversias (Mc 2-3).

La tercera etapa arranca con la decisión de Marcos de construir un relato continuo de la vida de Jesús desde su bautismo hasta su muerte y resurrección. Seguramente se valió del relato primitivo de la pasión, del que aprovechó la trama y los personajes, para extender esta trama hasta el comienzo. Marcos integró en un relato diferentes colecciones previas de milagros, parábolas y controversias con el relato de la Pasión. Unió una colección de milagros que presentan a Jesús como salvador con un relato de la Pasión donde Jesús aparece sufriendo y los conectó a través de la palabra evangelio 37, que ya había recibido de la tradición (1 Ts 1,5). El evangelio de Marcos tiene unos acentos como son el anuncio del Reino de Dios, la fe en Jesús, el fracaso e incomprensión de los discípulos y la muerte de Jesús como salvación. Marcos hace avanzar la narración a través del “secreto mesiánico” y de la incomprensión de sus discípulos para resaltar y profundizar en la identidad de Jesús como Hijo de Dios, título central de su evangelio. El título de Hijo del Hombre le permite combinar la realidad del sufrimiento con la esperanza de su resurrección 38. Este relato sobre la vida de Jesús está trenzado con muchas citas del AT 39, que permiten hacer una interpretación teológica de su vida y sus palabras. Ya al comienzo de su evangelio Marcos lo conecta con los libros de la LXX en una cita de Is 40,3; Ml 3,1 y Ex 23,20, otorgando un marco de referencia desde el que comprender su relato.

Así nació el evangelio de Marcos, al que siguieron el de Mateo, Lucas y posteriormente Juan. Mateo y Lucas modificaron y ampliaron el evangelio de Marcos y le incorporaron tradiciones, colecciones y dichos de Jesús de los que disponían. Es probable que tanto Mateo como Lucas dispusieran de un documento donde se aglutinaban sobre todo dichos de Jesús (Q). También disponían de otras fuentes específicas (M y L). En primera instancia su intención debió ser la de reemplazar y mejorar el evangelio de Marcos. Lucas elaboró además un nuevo libro dedicado a lo que el Espíritu fue impulsando en los primeros discípulos: los Hechos de los Apóstoles. El último evangelio en ser redactado fue el de Juan, donde las palabras de Jesús fueron muy reelaboradas teológicamente. Este evangelio presenta dos grandes partes, una primera donde Juan narra siete signos importantes de Jesús y una segunda parte con un largo discurso de Jesús dentro un relato parecido al de la pasión. Es muy probable que durante esta etapa la tradición escrita y la tradición oral siguieran influyéndose mutuamente (oralidad secundaria).

Los evangelios fueron publicados anónimamente 40, pero dado que existían copias en las comunidades de otros evangelios hubo que dotarlos de un título para poder distinguirlos. Estos títulos son uniformes y sin variaciones, y asignaban los evangelios bien a apóstoles (Mateo y Juan) o colaboradores de los apóstoles (Marcos y Lucas) 41. Los títulos de los evangelios fueron seguramente fijados en la segunda mitad del siglo ii 42. Los títulos presentan la siguiente redacción: “evangelio según Marcos, Mateo, etc.” y siguen el esquema de Mc 1,1 43. Al comienzo la palabra evangelio en el contexto cristiano 44 significaba el anuncio de Jesús (Lc 7,22; Mc 1,14; Didajé 8,2; 2 Clem 8,5), posteriormente el anuncio sobre la muerte y resurrección de Jesús (1 Cor 15,1), para terminar refiriéndose a los escritos que contienen esa buena noticia (Justino, 1 Apol. 66,3).

En suma, el shock de la destrucción del Templo y la muerte de los testigos que habían conocido a Jesús impulsó a Marcos a escribir su evangelio, un relato biográfico, histórico y teológico que buscaba dar sentido a los acontecimientos, así como sostener la fe de los creyentes. La vida de Jesús se convierte en el nuevo faro y guía de las comunidades.

5. El conflicto con Marción. Surge el canon y el códice

El cuarto conflicto que impulsó la formación del NT fue la crisis ocasionada por Marción, acaecida en Roma alrededor de los años 140-144 d.C. 45 En este conflicto se puede simbolizar el impulso del que surgirá primero el canon de las Escrituras, es decir, la conciencia de ir delimitando una lista de los libros que son canónicos en la Iglesia; y, segundo, la agrupación de los diferentes libros del NT en códices.

Marción fue un cristiano que provenía de la ciudad de Sinope, en Asia Menor, y que llegó a Roma alrededor del año 140 d.C. En su reflexión teológica contraponía dos divinidades, el Dios creador de los judíos reflejado en el AT y el Dios del amor del NT. Marción tenía una visión muy negativa del mundo y culpaba al Dios creador que aparece en el AT 46. Asimismo subrayó la salvación de Dios por pura misericordia, un mensaje central en Pablo. Marción rechazó el Dios juez cruel del AT y señaló que no puede coincidir con el Dios bueno del NT. Contrapuso a estos dos dioses, así como al mesías del AT con el del NT (Antítesis se llamaba su obra) 47, y consecuentemente rechazó completamente el AT. Para Marción, Pablo es el único discípulo que había entendido a Jesús, mientras que sus doce apóstoles judíos lo habían traicionado. Por ello solo se quedó con parte del evangelio de Lucas (compañero de Pablo según Col 4,14) y algunas cartas paulinas. Marción estableció un canon implícito al quedarse solo con dos obras, el Evangelion y el Apostolikon. En su Evangelion 48 solo aparecía el evangelio de Lucas 49 (del que eliminaba los dos primeros capítulos porque le sonaban muy judíos) y en su Apostolikon 50 se quedaba solo con diez de las cartas de Pablo (su colección comienza con Gal eliminando Heb y las pastorales). Esta limitación del canon por parte de Marción seguramente supuso un impulso para la creación del canon 51.

Esta herejía fue rechazada por la Iglesia, dada la negación por parte de Marción del monoteísmo y del AT. A Marción se opusieron autores como Justino, Ireneo y Tertuliano. Tiempo después (c. 180 d.C.), frente a Marción y otras herejías como el gnosticismo, Ireneo defendió el evangelio tetramorfo (Adv. Haer. 3.11.8), afirmando que solo cuatro relatos sobre Jesús contienen la predicación de los apóstoles. Para Ireneo y la tradición cristiana son los cuatro evangelios juntos los que nos permiten entender quién es Jesús. Ireneo defiende apologéticamente el papel de los cuatro evangelios, seguramente por considerarlos antiguos, relacionados con los apóstoles y recibidos por las comunidades 52.

Hasta este momento los libros de la literatura cristiana primitiva se venían transmitiendo de manera independiente, pero es en el siglo ii cuando ya tenemos testimonios de los primeros códices que aúnan bien las cartas de Pablo o los evangelios 53. Aun así es muy posible que ya en el siglo I hubieran surgido las primeras colecciones de las cartas de Pablo o que se estuvieran uniendo algunos evangelios 54. En el siglo II tenemos los primeros fragmentos de papiros de libros sueltos (la gran mayoría) o papiros que pertenecen a códices que contenían varios evangelios 55, como 𝔓 45 (Mt, Mc, Lc, Jn y Hch), 𝔓 75 (Lc y Jn); papiros como 𝔓 46 que contiene las cartas de Pablo (Rom, 1-2 Cor, Gal, Ef, Flp, Col, 1 Ts, Heb 56) y 𝔓 74 que contenía Hechos y las cartas católicas (Praxapostolos). Justino cita los cuatro evangelios en sus escritos e incluso llama “evangelios” a las memorias de los apóstoles (1 Apol. 66,3; 67,3-5; Dial. 100,4) 57.

También es en el siglo ii d.C. cuando comienzan a surgir: primero, otros textos cristianos con gran aceptación, pero que no lograrán entrar en el canon (Didajé, 1 Clemente, Pastor de Hermas, Carta de Bernabé, etc.); segundo, aparecen otros textos hoy denominados apócrifos (P.Egerton 2, EvTomas, P.Oxy. 840, etc.); tercero, Taziano compuso una armonía de los cuatro evangelios llamada el Diatessaron, que acabó teniendo un gran éxito sobre todo en Siria 58; y cuarto, se comienzan a traducir al latín y al siriaco los textos del NT. A su vez, ya en el siglo ii, los primeros padres apostólicos y apologetas comienzan a escribir textos significativos en los que intentan presentar el cristianismo en diálogo con la filosofía griega. Estos presentan la fe en el ámbito público ante el Imperio (Justino) y defienden la fe cristiana ante diferentes herejías (Tertuliano, Ireneo, etc.). Estos padres de la Iglesia rechazan explícitamente los textos que hoy denominamos apócrifos por cuestiones teológicas determinantes para la fe cristiana. El surgimiento de la regla de fe o canon en este contexto es muy importante para delimitar la fe cristiana y para algunos autores será uno de los elementos clave en la formación del canon 59.

La Iglesia fue delimitando los libros que consideraba inspirados y vinculantes para las comunidades, rechazando obras como la de Marción o las de los gnósticos, y aceptando otros como las pastorales, Apocalipsis 60 y Hebreos. El hecho de que algunos libros como el Apocalipsis, Hebreos 61, 1 Clemente, Pastor de Hermas o la Didajé fluctuaran entre los aceptados por las comunidades, llevará más adelante a ir definiendo listas con los libros que se consideraban como canónicos 62. Estas listas de libros canónicos y el comienzo de la creación del canon tienen un precedente en el canon de los libros de la LXX y la aceptación por parte de los cristianos de este canon incipiente 63. En Atanasio, Carta pascual 39.5 (367 d.C.), disponemos de la primera lista completa y exclusiva con los 27 libros del NT 64.

La lista definitiva de los libros que componen el NT no surgió por una decisión vinculante de la Iglesia o la jerarquía, sino que las comunidades reconocieron que los evangelios y las cartas habían sido transmitidos desde los apóstoles 65. Es difícil de aceptar la teoría conspiratoria que propone que un grupo (de los muchos que existieron en el cristianismo primitivo) privilegió sus escritos y rechazó y eliminó los de los contrarios. Varios de los evangelios gnósticos, así como Marción, eran politeístas y su teología era difícilmente aceptable para la Iglesia 66. La regla de fe actuó como criterio para identificar los textos canónicos. Los padres apostólicos y los padres de la Iglesia rechazaron a Marción y a los gnósticos, pero supieron distinguir que otros escritos aun siendo ortodoxos (Didajé, Hermas, Carta de Bernabé) no podían entrar en el canon dado que no eran antiguos y que no se podían vincular con los apóstoles 67.

Al mismo tiempo esta predilección por unos escritos, implícitamente reconocidos como significativos en las comunidades, se refleja en varios aspectos anteriores a estas listas: primero en el testimonio de Justino y otros padres de la Iglesia; segundo en códices que contienen varias de las cartas de Pablo, los evangelios y Hechos y las pastorales; tercero, en aspectos concretos de los manuscritos más antiguos de los que disponemos 68. Desarrollamos estos tres aspectos. Primero, en general los textos que serán reconocidos como canónicos aparecen abrumadoramente más citados por los padres de la Iglesia que otros escritos del cristianismo primitivo 69. Segundo, como reflejo de lo afirmado por Ireneo y otros autores sobre la prioridad de los cuatro evangelios y de los escritos apostólicos, disponemos en esta etapa de los primeros códices con agrupaciones de escritos: el códice de los cuatro evangelios (𝔓 45); de las cartas de Pablo (𝔓 46, 𝔓 47); y de un códice con Hechos y las cartas católicas (𝔓 74) 70. Aunque el códice no fue el catalizador del canon sí que ayudó en el proceso 71. Agrupar los cuatro evangelios en un mismo códice llevó a separar el evangelio de Lucas del libro de los Hechos de los Apóstoles (junto con las cartas católicas) que acabó siendo situado entre los evangelios y las cartas de Pablo, como conexión entre Jesús y sus discípulos y la vida de estos discípulos después de la resurrección y la llegada del Espíritu; y como marco de interpretación de las cartas de Pablo. Tercero, los manuscritos que conservamos de textos que serán reconocidos como canónicos, en general, pertenecen a códices 72, están escritos en una caligrafía literaria para facilitar su lectura, tienen márgenes amplios, usan nomina sacra, ayudas para la lectura, etc., y parecen destinados a la lectura pública y litúrgica 73. Es decir, reflejan unas características singulares que los distinguen de otros documentos escritos por lo general en rollos o con otras características que reflejan un uso privado (p. ej. P.Oxy. 5072) 74. Los escribas cristianos transmitieron los textos apostólicos con cuidado, aunque no exentos de errores. Pero cuando en el siglo xx se empezaron a recuperar los primeros papiros sepultados, se descubrió que la transmisión textual del NT ha sido muy cuidada y que disponemos de muchos manuscritos antiguos de los libros del NT. Por otro lado, los manuscritos de los textos no canónicos no presentan estas características y suelen aparecer en rollos (no en códices), en papiros minúsculos y suelen ser textos destinados al uso privado. De hecho, ningún texto no canónico aparece en un mismo códice que los evangelios canónicos 75.

En el siglo iv aparecen las primeras Biblias completas: los códices Sinaítico y Vaticano; y en el siglo v el códice Alejandrino y el ms. Ephraim Rescriptus, los cuales reflejan el canon de manera casi definitiva, aunque todos ellos contienen pequeñas variaciones 76. Así, cuando se pudo producir y visualizar la Biblia dentro de un códice, el concepto de canon pasó a comprenderse de una manera nueva 77. Los libros que llegaron a componer el NT se habían transmitido primeramente como libros independientes, formaron pequeñas colecciones, como las cartas de Pablo o los cuatro evangelios, para llegar a formar parte de una Biblia completa 78. Se ha de subrayar que el NT surgió como una sección de la Biblia y solo más tarde y muy esporádicamente como libro independiente 79. Por tanto es la Biblia la que permite interpretar correctamente la vida de Jesús (evangelios) desde el AT y la acción del Espíritu Santo (cartas y Hechos). De hecho, el NT siempre se ha leído, interpretado y transmitido junto a los libros del AT 80. Sin embargo, para Parker, el códice de los cuatro evangelios es el libro del cristianismo, siendo estos códices la mitad de todos los manuscritos que disponemos 81.

La Reforma protestante propondrá un nuevo canon de las Escrituras 82, a lo que responderá la Iglesia Católica en Trento (DH 1503), que asimismo adoptó el texto de la Vulgata 83. La Biblia latina de Gutenberg fue publicada en 1477. Con el Renacimiento, la Políglota de Alcalá (impresa en 1514, pero publicada en 1519) y el Novum Instrumentum de Erasmo (1516) comenzará una nueva etapa. La primera edición crítica del NT es la de Richard Simon (1689), pasando por muchas ediciones, hasta llegar a la edición crítica actual que es la Nestle-Aland en su edición 28.

6. Conclusión

Hemos recorrido el complejo proceso de formación del NT de la mano de cuatro conflictos que fueron surgiendo en el cristianismo primitivo. Del conflicto de Pablo con los judaizantes surgió la importancia de conservar las cartas de Pablo. Del conflicto de Pablo con los corintios que absolutizaban el papel del Espíritu Santo, surgió la importancia de recordar la vida de Jesús como nueva “ley” para los cristianos. La destrucción del Templo y la muerte de los apóstoles motivaron la redacción del evangelio de Marcos. El conflicto de la Iglesia con Marción y otros escritos apócrifos fue llevando a conformar un canon de los libros en los que se conservaba la interpretación correcta de la tradición sobre Jesús.

El NT contiene dos grandes secciones: los evangelios y las cartas de Pablo, las cuales surgen del impulso de dos personas, Jesús y Pablo 84. La tradición vinculada a Jesús, el impacto de sus palabras y sus acciones dará lugar a que, después de su muerte, discípulos como Pedro trasmitan sus palabras y acciones visitando las comunidades (1 Cor 9,5). Estas tradiciones fueron transmitidas primero de manera oral, después en pequeñas colecciones, hasta terminar uniéndose en el evangelio de Marcos y posteriormente en sus tres seguidores, Mateo, Lucas y Juan. Así los evangelios son el primer gran grupo de escritos que dieron lugar al NT. Los cuatro evangelios, que aparecieron de manera separada, fueron siendo agrupados, hasta dar lugar al códice de los cuatro evangelios. Ireneo es el gran defensor de que solo estos cuatro evangelios son inspirados por Dios, frente a Marción, Taziano y los apócrifos. Los evangelios, que fueron en su origen escritos anónimos, fueron asignados bien a apóstoles o colaboradores suyos. Los títulos de los cuatro evangelios son muy antiguos y no existen títulos diferentes de los que disponemos hoy, un signo de la antigüedad de estos títulos. A lo largo de la antigüedad el códice con los cuatro evangelios ha sido el más copiado, mientras que el NT en un único códice es un ejemplar muy escaso. La primera colección de los libros del NT apareció primero dentro del contexto de la Biblia cristiana, donde el AT actúa como promesa del NT (el cumplimiento), siendo los códices Sinaítico y Vaticano los primeros testigos.

Pablo dio lugar al segundo gran grupo de escritos del NT. Sus cartas fueron conservadas dado que había sido testigo de una aparición del Señor, había fundado varias comunidades, por la profunda teología que subyacía en sus cartas y seguramente por el testimonio de su muerte como mártir; a lo que hay que añadir la labor editorial de su equipo de colaboradores.

Así “Pedro” y “Pablo”, son necesarios para el cristianismo. “Pedro” impulsado por el Espíritu mira hacia atrás y conserva y actualiza el recuerdo de lo vivido con Jesús de Nazaret. “Pablo” por su parte impulsado por el Espíritu mira hacia delante, actualizando el mensaje y la vida de Jesús en nuevas circunstancias. Ambos son necesarios y simbolizan las dos partes del NT, los evangelios y las cartas.

El NT ha sido por más tiempo una idea regulativa (canon) que un libro físico (códice). Esta lista de los libros del NT (canon) no surgió de una decisión formal de la Iglesia, sino a través de un proceso por el que las comunidades fueron aceptando aquellos evangelios y cartas que consideraban antiguos y vinculados con los apóstoles. Los títulos de estos escritos y la unión de ellos en los primeros códices son reflejo de este proceso. Por tanto el NT no es el fruto de un grupo que eliminó a otros grupos cristianos de manera arbitraria, sino un proceso por el que las comunidades reconocieron como apostólicos unos escritos y no otros. Los evangelios y escritos apócrifos difícilmente cuadran en su teología con la de los textos canónicos, reflejada en la “regla de fe”, un criterio clave para reconocer a los escritos que serán reconocidos como canónicos.

El NT ha experimentado su propio nacimiento, crecimiento y delimitación; y durante muchos siglos ha evolucionado como reflejo de las decisiones de las comunidades. El NT sigue vivo y cambiando, especialmente porque su texto sigue siendo corregido ante los avances y las modas de la crítica textual. A la profundización en las razones teológicas subyacentes de este proceso de formación y evolución ha querido contribuir esta presentación.

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[recibido: 20/05/2024 – aceptado: 7/09/2024]


  1. 1 Una presentación de la historia de la investigación sobre el canon en Metzger, The Canon, 11-36, y Gamble, “The New Testament Canon”, 267-294.

  2. 2 Sundberg distinguió entre Escritura y canon: Escritura es una colección abierta de libros autorizados, mientras que un canon es una lista cerrada y exclusiva de libros. Para Sundberg, que se cite un libro como Escritura no dice nada de su estatus como canon. Sundberg, “Towards a Revised History”, 452–461.

  3. 3 Käsemann, Das Neue Testament als Kanon.

  4. 4 Childs subraya el centro cristológico del canon y el papel del Espíritu Santo en su proceso de formación. El canon no debe considerarse una colección suelta de la que cada documento pueda separarse e interpretarse individualmente. La normatividad de un escrito debe determinarse apelando a la forma canónica de cada texto y a las relaciones conceptuales configuradas por el canon entre ese texto y otros textos. Childs, The New Testament As Canon.

  5. 5 Bovon subraya que la estructura del canon establece una mediación apostólica como indispensable. Wall acentúa el interés teológico del canon. Dohmen propuso que el canon aglutina las diferentes voces bíblicas. Webster sitúa el canon como parte de la comunicación de la acción salvífica de Dios, profundiza en la santidad de un texto y define la producción del canon como un proceso de recepción, centrándose en la obra del Espíritu en el lector que recibe el canon. De Jonge acentúa el criterio teológico como clave en la configuración del canon. Bovon, “La structure canonique”, 559-576. Wall, “The Significance”, 528-540. Dohmen – Oeming, Biblischer Kanon, 91. de Jonge, “Introduction”, 309-320.

  6. 6 Sanders, Canon and Community, 1-20.

  7. 7 Schröter, From Jesus, 250 y 311. McDonald también aboga por el siglo iv. McDonald, The Formation 2, 350.

  8. 8 Trobisch, The First Edition, 9-10 y 37-38. Dormandy ha realizado un estudio de los manuscritos del NT en los que aparecen varios textos y señala que la mayoría de los manuscritos en cualquier siglo corresponden con colecciones. Pero también hay manuscritos de un solo libro. No hay apenas manuscritos que precedan a Ireneo. Por tanto, no se puede aceptar la visión de Trobisch, dada la cantidad de textos independientes que aparecen en los primeros siglos. Dormandy, “How the Books”, 21-23.

  9. 9 Lo niega Watson, Gospel Writing, 609.

  10. 10 Stanton, “The Fourfold Gospel”, 317-346. Heckel, Vom Evangelium des Markus, 353-356.

  11. 11 Barton, Holy Writings, 14-71.

  12. 12 Atanasio, Epistola de decretis Nicaenae synodi (PG 25, cols. 415-476), donde se describe al Pastor de Hermas como “no perteneciente al canon”. Metzger, The Canon, 292, n. 7.

  13. 13 El canon como reacción a una crisis ya fue postulado por von Campenhausen. Para Zahn el canon era producto de una colección progresiva y surgió de forma natural. Para Harnack surgió como un proceso de delimitación y exclusión. Para Kümmel el canon aparece como un proceso espontáneo en la Iglesia y representa el resultado necesario de la evolución de la Iglesia. Para Theissen se trata de un proceso que avanza entre conflictos y que llega a una síntesis. Para McDonald, Marción fue seguramente el primero en formar un canon, el cual actuó como catalizador de un proceso muy largo y cuyos inicios estaban ya antes presentes. La Iglesia no reaccionó inmediatamente creando otro canon de Escrituras, sino subrayando el canon de la fe. El tema queda abierto porque no se conserva ningún documento en el que conste la decisión de formar expresamente un canon como reacción a Marción. Campenhausen, Die Entstehung, 173-244. Zahn, Grundriss, 14-34. Harnack, The Origin, 94-114. Kümmel, Einleitung, 420-453. Theissen, The New Testament, 205-236. McDonald, The Formation 2, 150. Una crítica a este modelo del canon como reacción a una crisis en Markschies, “The Canon”, 175-194.

  14. 14 Dunn, Comenzando desde Jerusalén 1, 548-576. Hengel – Schwemer, Die Urgemeinde, 409-415.

  15. 15 Delgado Gómez, “El final abierto”, 93-109.

  16. 16 Cuando Santiago fue asesinado de manera ilegal por Anás el hijo de Anás (Jn 18,13), durante el vacío de poder generado por el cambio de gobernador en Judea, un grupo de judíos se dirigieron a Cesarea donde el nuevo gobernador para protestar por esta muerte, lo cual provocó la destitución de Anás como sumo sacerdote.

  17. 17 Así 2 Cor contendría varias cartas de Pablo, en Flp se podrían haber unido dos cartas y Rom 16 sería un añadido a Rom. Gil, Escritos paulinos, 225-237.

  18. 18 Existen colecciones de cartas como las de Cicerón, Séneca, Ignacio de Antioquía y las encontradas en Murabba’at.

  19. 19 Para Trobisch el corpus paulino se ha formado en tres colecciones parciales, unidas por su destinatarios y longitud. La primera colección contenía Rom, 1-2 Cor y Gal; la segunda Ef, Flp, Col y 1-2 Ts; y la tercera 1-2 Tm, Tit y Flm. (Aunque 𝔓 46 sitúa Efesios antes de Gálatas y Heb antes de 1 Cor). Trobisch, Die Entstehung, 128-132. Gamble señala tres colecciones tempranas, la de Marción, la que aparece en 𝔓 46 y una posible con cartas a las siete Iglesias. Para Gamble, además, Pablo podría haber escrito sus cartas en formato códice y la edición más primitiva de la correspondencia paulina se podría haber realizado en un códice, siendo este el desencadenante del uso del mismo por los cristianos. Gamble, Libros y lectores, 88-90, y 96-97.

  20. 20 Para Nongbri, 𝔓 46 podría haber contenido todo el corpus paulino. Nongbri, “The Construction”, 388-407.

  21. 21 Schmidt señala que esta decisión se debía a los manuscritos con los que contaba en Basileia. Schmidt, “The Greek”, 478.

  22. 22 Sobre los conflictos en Corinto, cf. la lista de Dunn, Comenzando desde Jerusalén 2, 904-952.

  23. 23 Para Thiselton, 1 Cor 6,12 y 8,1 son dos de las máximas de los corintios. Thiselton, The First Epistle to the Corinthians, 460 y 620.

  24. 24 En este tipo de comunidad, el “yo” poseído por un espíritu es una autoridad en sí mismo. Así, “el hombre de espíritu (pneumatikos) lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarle” (1 Cor 2,15). Mount, “1 Corinthians 11:3-16”, 324.

  25. 25 Raaflaub, The Discovery of Freedom, 262.

  26. 26 Para Fee los corintios vivían “una escatología espiritualizada”. Esto se desprendería directamente de su idea de ser pneumatikoi (pueblo del Espíritu, cuya existencia actual debe entenderse en términos estrictamente espirituales). El Espíritu pertenece al eschaton, y ellos sienten que experimentan el Espíritu en toda su plenitud. Fee, The First Epistle to the Corinthians, 12.

  27. 27 Thiselton sostiene que “en cada una de las secciones desde el comienzo de la epístola hasta 1 Cor 15,40 hay pruebas tanto de una escatología realizada como de una teología entusiasta del Espíritu por parte de los corintios”. Thiselton, “Realized Eschatology at Corinth”, 523.

  28. 28 Bauckham, “The Petrine”, 155-182.

  29. 29 Cf. el análisis de este texto por Gamble, Libros y lectores, 51-52.

  30. 30 Las tradiciones sobre Jesús se fueron elaborando en un número reducido de esquemas o “formas” que facilitaban su memorización. La escuela de la “Historia de las Formas” con autores como Schmid, Dibelius y Bultmann, analizaron estas formas.

  31. 31 Q pudo haber sido escrito antes de la guerra judía y la destrucción del Templo, ya que se espera la venida del Hijo del Hombre en un ambiente de paz. Álvarez Cineira, La formación, 52.

  32. 32 Gray, The Temple in the Gospel of Mark, 198.

  33. 33 Es más, confía en las palabras de sus discípulos. “Quien os escucha a vosotros me escucha a mí” (Lc 10,16). Asimismo, los rabinos tampoco escribieron nada hasta la Mishnah.

  34. 34 Stein, The Method and Message of Jesus’ Teachings, 7-32.

  35. 35 Dunn, Redescubrir, 27-35.

  36. 36 Bailey, “Informal Controlled Oral Tradition”, 4-11.

  37. 37 Theissen, El Nuevo Testamento, 171.

  38. 38 Moxnes, A Short History of the New Testament, 44.

  39. 39 Aparecen en Marcos 69 citas del AT y cerca de 350 referencias al AT según el índice de NA28.

  40. 40 Lo cual les une a la tradición de los libros del AT. Baum, “The Anonymity”, 120-142.

  41. 41 Sobre los títulos, cf. Gathercole, “The Titles of the Gospels”, 33-76. Para Larsen, los títulos no se utilizan para nombrar al autor de un evangelio, sino para nombrar a un corrector, redactor o alguien implicado en la puesta por escrito del evangelio. Larsen, “Correcting the Gospel”, 80.

  42. 42 Hengel propone una fecha anterior y subraya el hecho de que son uniformes y que no se han postulado otros nombres para estos escritos. Hengel, The Four Gospels, 48-56. Sobre el valor de los apóstoles como factor de cohesión de los libros del NT, cf. Ebner, “Der christliche Kanon”, 45-47.

  43. 43 Estos títulos (p. ej. κατὰ Μάρκον) presentan al autor como un intérprete de algo que existía antes. Lo normal sería un título del estilo “Poética de Aristóteles”, con la obra en nominativo y el autor en genitivo. Ebner, “Der christliche Kanon”, 20-21.

  44. 44 La palabra en plural (εὐαγγέλια) era común en el griego y fue usada para referirse a buenas noticias como el nacimiento del emperador.

  45. 45 Por un lado, Zahn y Harnack interpretaron el canon de Marción como un rechazo de una colección anterior de los cuatro evangelios. Por otro lado, von Campenhausen afirmó que el evangelio tetramorfo se originó después de la época de Marción y, de hecho, se trataría de una respuesta a su selección. Para Schmid, antes de Marción, existía una colección de cuatro evangelios, pero sin pretensión de valor canónico. Zahn, Grundriss, 37. Harnack, The Origin, 67. Campenhausen, Die Entstehung, 202. Schmid, “Marcions Evangelium”, 67–77. Norelli, Markion und der biblische Kanon, 1-27.

  46. 46 Estos rasgos son típicos del dualismo gnóstico. Ebner, “Der christliche Kanon”, 30.

  47. 47 La teología de Marción puede ser reconstruida desde las obras: Tertuliano, Adv. Marc., Epifanio y Panarion, y Efrén de Nísibe, Refutaciones en prosa. Cf. Lieu, Marcion, 15-180.

  48. 48 Una reconstrucción de su “evangelio” en Roth, The Text of Marcion’s Gospel, 410-436.

  49. 49 Según Harnack, Marción consideraba que los evangelios de Juan y Mateo no provenían de los apóstoles, aunque reconoce que no conocemos la fuente de esa conclusión. Cita Adamantius, Dial. 2.12. Harnack, Marcion, 28-29.

  50. 50 Una reconstrucción de este texto en Schmid, Marcion und sein Apostolos, 313-353.

  51. 51 Para Gamble esta decisión de Marción se basaba en los criterios filológicos de su tiempo. Gamble, Libros y lectores, 171.

  52. 52 Para Ireneo, los escritos apostólicos son importantes por ser el registro escrito de la tradición que proviene de los apóstoles. Laing, Irenaeus, 5.

  53. 53 1 Clem prueba que a más tardar hacia el 95 había un corpus paulino. Trevijano, La Biblia, 129.

  54. 54 Para Hill ya antes del 150 los cuatro evangelios canónicos gozan de una clara aceptación en las Iglesias. Hill, Who Chose the Gospels?, 228.

  55. 55 De los 136 papiros que disponemos del NT, 124 papiros contienen un solo libro. Chapa, La transmisión textual, 157. La mayoría de los códices contienen dos evangelios. Listas detalladas de manuscritos en Meade, “Myths about Canon”, 264-266.

  56. 56 Otros manuscritos que podrían proceder de un mismo códice son 𝔓 15 (1 Cor) y 𝔓 16 (Flp); 𝔓 49 (Ef) y 𝔓 65 (1 Ts); 𝔓 30 (2 Ts) dado que sobrevive la paginación; 𝔓 92 (Ef y 2 Ts). Hurtado, Los primitivos papiros, 47.

  57. 57 Cirafesi – Fewster, “Justin’s ἀπομνημονεύματα”, 701-727. Kelhoffer, “How Soon a Book”, 1-34.

  58. 58 Taciano solo utilizó los cuatro evangelios canónicos, lo cual ratifica la autoridad de estos cuatro evangelios en el año 170. Hill, “Diatessaron, Diapente, Diapollon”, 25-54.

  59. 59 Hill subraya los criterios teológicos como clave en la delimitación del canon. Cf. Hill, Who Chose the Gospels?, 237-239. Para Gathercole: los cuatro evangelios comparten unos elementos teológicos que los distinguen de la mayoría de los evangelios no canónicos. Asimismo, los cuatro evangelios son teológicamente similares entre sí (a diferencia de la mayoría de los demás) y siguen un “credo” apostólico anterior (1 Cor 15). Gathercole, The Gospel, Para von Lips la apostolicidad y la adecuación con la regla de fe son determinantes. Lips, Der neutestamentliche Kanon, 114-116. Lienhard, “Canon and Rules of Faith”, 55-70.

  60. 60 El Apocalipsis, que apunta al final de los tiempos, provendría junto a Jn y 1-3 Jn, de la comunidad joánea, situada en la zona de Asia menor.

  61. 61 El Apocalipsis dio problemas en Oriente y Hebreos en Occidente. Las diferencias en el desarrollo del canon entre Oriente y Occidente en Lips, Der neutestamentliche Kanon, 76-88.

  62. 62 Listas en Orígenes (citado por Eusebio, Hist. Ecl. 6.25.3-12); Eusebio, Hist. Ecl. 3.25.1-7 y el canon de Muratori (22 escritos). Lista detallada de autores en Meade, “Myths about Canon”, 254, 276-277; por siglos en McDonald, The Formation 2, 362-365. Un análisis en Gallagher – Meade, The Biblical Canon Lists.

  63. 63 Ebner, “Der christliche Kanon”, 22-26. El canon de escrituras judío pudo significar un primer impulso al canon cristiano. Penna, La formazione del Nuovo Testamento, 122.

  64. 64 Un análisis de la carta y su contexto en Markschies, “The Canon”, 188-192 y Brakke, “Canon”, 395-419. Esta lista coincide con los libros que aparecen en el códice Vaticanus. Grenz, The Scribes, 9-11.

  65. 65 Para Metzger y Hill, el canon es el reconocimiento de que estos escritos provienen de los apóstoles y no de la decisión de un individuo, ni de un concilio. Metzger, The New Testament, 318. Hill, “The New Testament Canon”, 119.

  66. 66 Hill, Who Chose the Gospels?, 56-57 y 226-247.

  67. 67 Los criterios tradicionales han sido: autoría antigua y autentica, apostolicidad, ortodoxia, catolicidad e inspiración. Álvarez Cineira, La formación, 227-233. Ohlig analiza once criterios (Ohlig, Die theologische Begründung, 54-294). Lips, Der neutestamentliche Kanon, 110-116. Ebner, “Der christliche Kanon”, 47-49.

  68. 68 Para Meade, las listas reflejan los libros que iban siendo normativos y los códices lo que las comunidades estaban leyendo. Así las listas son más importantes que los contenidos de los códices. Meade, “Myths about Canon”, 253 y 274-275.

  69. 69 Hill, Who Chose the Gospels?, 183-206.

  70. 70 El evangelio cuádruple es una obra del siglo ii, con una prehistoria en el siglo i. Álvarez Cineira, La formación, 73.

  71. 71 El códice permite la agrupación de textos homogéneos, resulta más económico porque se puede escribir por las dos partes del folio, es más cómodo para transportar, leer y estudiar. Cf. Gamble, Libros y lectores, 93-95.

  72. 72 Algunos textos no canónicos aparecen también en códices como P.Egerton 2; EvTomas en P.Oxy. 1 y P.Oxy. 1224. De los 172 manuscritos bíblicos de los cuatro primeros siglos, 158 aparecen en códices y 14 en rollos. Roberts – Skeat, The Birth of the Codex, 38-44. Sobre las razones por las que los cristianos utilizaron el códice Gamble, Libros y lectores, 83-85, 88 y 96.

  73. 73 Para Trobisch esas características editoriales sirven para agrupar materiales dispares en una sola colección y para crear en los lectores la impresión de una obra literaria que tiene cohesión. Trobisch, The First Edition, 44. Charlesworth, “Indicators of Catholicity”, 37-48.

  74. 74 Los tres papiros en los que se encuentran fragmentos de la versión griega del EvTomás presentan unas características peculiares. P.Oxy. 1 contiene nomina sacra. P.Oxy. 654 (III d.C.), escrito en un rollo reutilizado, contiene varias ayudas para la lectura y las palabras de Jesús están separadas entre sí por un trazo horizontal, marcado cinco veces debajo de la línea del margen izquierdo. P.Oxy 655 es un papiro minúsculo, pero con letra uncial, aunque no tiene ayudas para la lectura. Schröter, “The Use of ‘Canonical’ and ‘Non-canonical’ Texts”, 138-145.

  75. 75 Elliott, “Manuscripts”, 122. Dormandy, “How the Books”, 21-23.

  76. 76 Lista con los libros del NT en los códices Vaticano, Sinaítico, Alejandrino y la Peshitta en McDonald, The Formation 2, 366.

  77. 77 Kraft subraya que esta práctica no fue continuada en el siguiente milenio. Kraft, “The Codex and Canon Consciousness”, 230 y 233.

  78. 78 Sobre el proceso de ir aglutinando los diversos clusters prexistentes: cartas de Pablo, evangelios, Praxapostolos, etc., cf. Ebner, “Der christliche Kanon”, 37-42.

  79. 79 Los dos únicos manuscritos completos del NT son los minúsculos 1424 (siglo ix) y 175 (siglos x/xi). Schmidt, “The Greek”, 476. Para que esto fuera posible se hicieron necesarios varios descubrimientos: el códice, la encuadernación por cuadernos, el uso del pergamino y finalmente el uso de la letra minúscula.

  80. 80 Trebolle ha subrayado que tanto judíos como cristianos han transmitido una Biblia judía y una Biblia cristiana. Trebolle, La Biblia, 22, 15 y 280.

  81. 81 Parker, An Introduction, 70, 76 y 311. Antes del año 800 solo disponemos de unos 50 manuscritos con el NT completo en griego y 6 u 8 con la Biblia entera. Solo existen 4 manuscritos con el NT antes del siglo vi. Schmidt, “The Greek”, 471. En latín solo disponemos antes del siglo ix de 7 Biblias, 4 NT y 153 códices con los evangelios. Irving, “Latin Manuscripts”, 218.

  82. 82 Ebner afirma acertadamente que el canon ha seguido en movimiento. Ebner, “Der christliche Kanon”, 21.

  83. 83 Un análisis del canon desde la Reforma, Lutero y la exegesis histórica-crítica en Lips, Der neutestamentliche Kanon, 142-180. Sobre Trento, Balaguer, “La memoria”, 365-366.

  84. 84 Para Bovon, el NT contiene dos grandes bloques de escritos, los evangelios y las cartas de Pablo, que surgieron alrededor de dos personajes principales, Jesús de Nazaret y Pablo de Tarso. Bovon, “La structure canonique”, 559-576.